Monólogo gallego sobre la superstición

Hola, ante todo quiero decirles que llevo años investigando sobre el tema, y la conclusión a la que he llegado es que todos, absolutamente todos, sin excepción, somos supersticiosos.
Lo que pasa es que hay supersticiosos de dos tipos: los supersticiosos porque sí, y los supersticiosos por si acaso. Seguro que han escuchado decir esto a alguien: “Yo no soy supersticioso, ¡pero cuando veo un gato negro me cruzo de acera! ¡Por si acaso!”. ¿Cómo que “por si acaso”? Eso es como si un tío dice: “Esta noche no voy a salir a ligar, me quedo en casa leyendo, pero me voy a poner un condón, por si acaso”. Pues entre “por si acaso” y “por si acaso” vivimos esclavizados por las supersticiones. Todos hemos recibido esa carta en la que nos avisan de que, si no mandamos una pesetas a diez personas, nos pueden pasar cosas terribles. Y al principio piensas: “Qué chorrada...” Pero luego empiezas a leer: María José Brizuelas rompió la cadena y a los pocos días su marido perdió un brazo y ella cogió una enfermedad desconocida y le tuvieron que arrancar los dientes.. Vaya. Y sigues leyendo: Alejandro Alberto de Venezuela rompió la carta, y un día que iba por tabaco, su casa se incendió con todos sus seres queridos dentro. No se salvó ni uno. Así que mandas las cartas “por si acaso”. “Por si acaso” también tocamos madera cuando queremos tener buena suerte... Pues, que me van a perdonar, pero en este caso se comprueba claramente que las supersticiones son falsas, porque si esto fuese verdad, se notaría en ciertas profesiones. Ahí están los carpinteros, toda la vida tocando madera, ¡tendría que irles a todos de puta madre!
Además en el caso de que algunas supersticiones se cumpliesen, combinándolas bien, podrías ir escapando. Levantarte con el pie izquierdo da mala suerte, ¿no?. Pero pisar una mierda da buena suerte: pues está claro lo que hay que hacer: ¡cagar al lado de la cama! ¿Y cuando alguien tira la sal en la mesa? Todo el mundo: - ¡Haaaaalaaaa, has tirado la sal! Y enseguida te dice: - Rápido! Tira un puñado por encima del hombro, que se va la mala suerte. Y digo yo, ¿quién se inventará todo esto de las supersticiones? ¿quién fue el primer tío que, “por si acaso”, le cortó la pata a un conejo y se la metió en el bolsillo a ver si le daba suerte? Que yo me pregunto: ¿a cuántos animales tuvo que mutilar el psicópata este hasta decidirse por la pata de conejo?
Los que se aprovechan de todo esto son los fabricantes de amuletos, que nos endilgan todos los productos con defecto de fábrica añadiéndoles la expresión “de la suerte”: - Jefe, estos llaveros con forma de corazón nos han salido más bien como castañas. - Vale, pues haremos..... ¡castañas de la suerte! Oye, y ese año no puedes salir de casa sin tu castaña de la suerte. Y si no, ¿por qué se creen que hay que comerse doce uvas en Nochevieja aunque a nadie le apetezcan? Porque son “uvas de la suerte”. Yo creo que esta fórmula la deberían usar para otras cosas. - Paco, te he puesto los cuernos pero son “cuernos de la suerte”. - ¡Qué ilusión! ¡De la suerte! ¡Gracias cariño! La vida sería más fácil, ¿se imaginan? Habría impuestos de la suerte, contratos basura de la suerte, la bomba atómica de la suerte... Una maravilla. Que, por cierto, si se fijan, no existen supersticiones modernas: de ascensores, aviones o Internet. Todas son antiguas. Todas hablan de escaleras, gatos, o de paraguas. Yo creo que ya va siendo hora de crear las supersticiones del siglo XXI. Por ejemplo, si al hacer la compra te cruzas con unos tomates transgénicos, como no te tomes inmediatamente un yogur con bífidos activos, ¡tendrás un año de coitus interruptus! Aunque bien pensado, antes de crear supersticiones nuevas, habría que perfeccionar las que ya existen, que tienen muchos cabos sueltos: si se te rompe un espejo, son siete años de mala suerte. ¿Y si el espejo es de aumento? Encontrarse una herradura da buena suerte ¿Y si te encuentras trece? O cuando se dice que a quien le caiga el ramo de la novia será el próximo en casarse. ¿Y si le llega al cura? ¿qué hace? ¿rematar de cabeza? Si te mira un tuerto da mala suerte. ¿Y si te miran dos? ¿Es doble mala suerte, o es como si te mirase un tío normal? ¿Y si un tuerto mira a un gato negro? ¿Quién sale peor parado? En fin, queda claro, las supersticiones son absurdas... De todas maneras, tengan cuidado… por si acaso.


La autora, según el aporte de un lector, es Verónica Forqué.


5 comentarios:

Anonymous dijo...

muy bueno...una pena no saber el autor, parece realmente bueno!!

enhorabuena

Samantha dijo...

Es impresionante la cantidad de supersticiones que podemos llegar a encontrar aún. Hay personas que siguen dirigiendo sus acciones en base a creencias sin ninguna base ciéntifica. Como ya lo comentas, las cadenas de e-mails es un ejemplo claro del contacto que tenemos a diario con estos personajes supersticiosos.

Samantha dijo...

Es impresionante la cantidad de supersticiones que podemos llegar a encontrar aún. Hay personas que siguen dirigiendo sus acciones en base a creencias sin ninguna base científica. Como ya lo comentas, las cadenas de e-mails es un ejemplo claro del contacto que tenemos a diario con estos personajes supersticiosos.

compi dijo...

La autora es Verónica Forqué. Publicado en el libro de monólogos de El Club de la Comedia. También lo representó en el programa de TV.

Anonymous dijo...

vean la película 23 con Jim Carrey.. muy decepcionante pero personifica un ejemplo crudo de lo que puede hacer una superstición..

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