21 septiembre 2011

Abrazo inmigrante en el Planetario

Estas fueron algunas de las postales de lo que se vieron el domingo 28 de septiembre en el marco de un nuevo festejo por el Día del Inmigrante en el Planetario de Buenos Aires.


Los extranjeros pertenecientes a comunidades residentes en la ciudad tuvieron su momento de reencuentro con su tierra, ya sea a través de los sabores, con las comidas típicas que se vendían en cada stand de cada colectividad; ya sea a través de lo sonoro y lo visual, con la música y danza de los grupos de baile.




En tanto, el "público local ", descendiente o no de inmigrantes, fue testigo privilegiado e "invitado de honor" de la fiesta y como tal también aprovechó para de las exquisiteces culinarias de otras partes del mundo y del espectaculo artístico.





El final del show con todos los bailarines de cada comunidad arriba del escenario y el aplauso de los espectadores fue un resumen perfecto de lo que se vivió durante toda la tarde: un armonioso clima de tolerancia y aceptación ante tanta heterogeneidad y diversidad cultural. Algo que debería reinar siempre, pero que lamentablemente aún sigue siendo una cuenta pendiente en el mundo entero.



17 septiembre 2011

Capacitar para incluir

Virginia Tejada tiene 31 años y es oriunda de Quito, Ecuador. Hace tres años inició junto a su esposo argentino, Juan Manuel Zuppelli, un proyecto por demás solidario: capacitación tecnológica a personas de comunidades campesinas e indígenas y de tercera edad, sectores poco familiarizados con la computadora.

Para llevar adelante este emprendimiento de inclusión digital idearon una metodología acorde al alumnado en donde se hace especial hincapié en la paciencia y contención a la hora de enseñar, cualidades claves para evitar la deserción.

El proyecto CRT ("Capacitación Rural en Tecnología") comenzó a aplicarse en once comunidades rurales de la provincia ecuatoriana de Pichincha en el año 2009, gracias a la convocatoria de una ONG cuya intención era capacitar a los campesinos de esa zona (entre ellos indígenas) para incorporarlos al empleo público. Durante el año que duró la enseñanza, más de 200 personas fueron alfabetizadas.

Este año la pareja se encuentra desarrollando su proyecto en Argentina, trabajando como distribuidores del servicio para la Subsecretaria de Acción Social del Partido de Vicente López, Provincia de Buenos Aires. El lugar donde llevan adelante las capacitaciones es en el Centro de Formación Laboral "Escuela Santiago Rainero".

A diferencia de lo realizado en Ecuador, aquí los alumnos son casi en su totalidad personas mayores de edad. Sin embargo, el objetivo principal siempre es el mismo: achicar la gran brecha digital existente en diversos sectores de la sociedad.



Una particularidad que tiene esta cruzada en favor de la democratización informática es que el servicio sólo se provee en lugares donde el alumno no paga, ya que para sus creadores "la educación debe ser gratuita". Es por ello que a la hora de ofrecer su trabajo se contactan con instituciones, fundaciones y organizaciones gubernamentales.

Por último, es importante destacar que meses atrás esta noble labor social obtuvo un valioso reconocimiento al ser nominado al Premio Frida, una organización que reconoce las iniciativas de investigación e innovación digital que más contribuyeron al desarrollo de la Sociedad de Información en América Latina y el Caribe en los últimos años.

Virginia y Juan Manuel constituyen un verdadero ejemplo de que cuando algo se hace con amor y solidaridad hacia el prójimo, no hay barreras geográficas ni socioeconómicas que impidan alcanzar el éxito.

A continuación, un resumen de la entrevista realizada a Virginia vía skype, en donde habla tanto del proyecto como de su propia experiencia como extranjera en Buenos Aires.

  

13 septiembre 2011

Celebró Brasil, festejaron todos



El domingo pasado la tarde porteña se tiñó de verde amarela. Cientos de personas disfrutaron de un nuevo festejo organizado por el Gobierno de la ciudad en el marco del programa “Buenos Aires celebra” . Esta vez le tocó a la colectividad brasileña y por cinco horas la Avenida de Mayo se inundó de ritmos cariocas y aromas de exquisitas “feijoadas”.


Con el principal aporte de la Asociación Civil de Intercambio Cultural “Me Leva Que Eu Vou”, la celebración fue disfrutada, como era de esperar, no sólo por los principales agasajados, ya sea residentes en la ciudad (10.357 según el último censo) o turistas, sino también por los propios porteños y demás extranjeros.




Así, los que se acercaron hasta la famosa avenida disfrutaron de dos cuadras de puestos de gastronomía y artesanías regionales y de difusión cultural junto con el constante andar de decenas de grupos musicales y cuerpos de danzas a pura batucada y baile por demás contagiosos cuyo destino final era el escenario principal montado a espaldas de la Plaza de Mayo.

Al final de una hermosa jornada primaveral, además del colorido espectáculo visual y sonoro, la feijoada y la guaraná resultaron ser lo más consumido por los heterogéneos visitantes, cuyos rostros dieron sobradas muestras de que la alegría no fue sólo brasileña.


01 julio 2011

Paisajes de Catamarca: el reencuentro

¿Sueño?, ¿Deseo? ¿Obsesión? No sabría definirlo bien. Lo real y concreto es que esos paisajes de Catamarca los llevaba bien guardados en mi memoria y en mi corazón desde la primera vez que tomé contacto con ellos, o mejor dicho desde que tengo uso de razón.

Es por eso que después de muchos años sin verlos necesitaba un reencuentro, pero esta vez con ojos de adulto, dejando de lado ese encantamiento que me generó de niño.

Necesitaba disfrutarlo de otra manera y desde otro lugar, y llegar a comprender por qué los había llegado a atesorar, más allá de ser la tierra de mis ancestros, a tal punto de ubicarlos en el “top ten” de las visualizaciones más recurrentes a la hora de la reflexión y el relax.

Toda mi vida sentí debilidad por el paisaje serrano del noroeste argentino, y todo el universo que lo conforma: montes, cerros, valles, quebradas, ríos, arroyos y cascadas, caballos y vacas, zambas y chacareras, los quesillos de cabra, el pan casero, las uvas y los dulces artesanales, el clima seco y las siestas. Recuerdo el entusiasmo de cada viaje pasado, cuando a través de la ventanilla del “fitito” familiar empezaba a distinguir a lo lejos los primeros relieves…

Pasó mucho tiempo pero finalmente el momento llegó. Volví, y de la manera que siempre imaginé: en el asiento de conductor, y no sólo dispuesto a redescubrir lo otrora admirado, sino sumergirme aún más en el interior de esa hermosa provincia poco promocionada turísticamente.

El sueño comenzó a tomar forma la madrugada del 16 de abril. Luego de varias horas de viaje, habiendo dejando atrás la ciudad de Córdoba me topé con mis primeros recuerdos de la infancia: las salinas al costado de la ruta, paisaje encantador que obligaba siempre a detenerse y sacarse una foto.

Cuando la tarde daba sus últimos suspiros, la aparición de decenas de cactus fue una de las primeras señales de que la meta estaba cerca. Sin embargo la oscuridad de la noche postergó la bienvenida oficial a la ciudad capital hasta el día siguiente.

Fue ese instante, en el que mi mirada se alzó hacia uno de los cordones serranos donde el febo matinal provocaba con sus rayos una especie de escala cromática de luces y sombras sobre el relieve irregular, la confirmación de que mi sueño se había cumplido.

Embargado de emoción decidí iniciar mi travesía por las callecitas céntricas de San Fernando del Valle. Las viviendas, que también se da en otros pueblitos de la provincia, aún conservan su estilo colonial. Esto es tan característico como la infaltable plaza principal con su iglesia en unos de sus laterales. Por supuesto, ninguna comparable con la plaza “25 de mayo”, con la imponente catedral de la Virgen del Valle.

Concluido el primer recorrido, me dirigí hacia otros lugares que alguna vez había visitado: Las cuestas del Portezuelo y del Totoral, El Rodeo, los diques El Jumial y Las Pirquitas.

Todo me resultó conocido y al mismo tiempo impactante. Fue lindo volver a experimentar sensaciones de antaño… Cómo no olvidarme de mis primeros paseos a caballo cada vez que al costado de la ruta veía algunamanada. Cómo no percibir el miedo en cada cuesta empinada y al mismo tiempo enamorarme de cada postal que me regalaba el precipicio.

A partir de ese instante, mi apetito turístico y aventurero se multiplicó. Eran mis ojos de niño y de adulto fusionados al mismo tiempo.

Entregado a la naturaleza, inicié mi rumbo hacia lo desconocido. Fui en busca de la Ruta 60 cuyo recorrido termina en el Paso de San Francisco, límite con Chile.

Lo que vino después fue algo simplemente mágico. El camino hacia el oeste se transformó en una especie de alfombra roja hacia un espectáculo único.

Tinogasta, con sus museos arqueológicos, la “ruta del adobe"” -ese increíble viaje en el tiempo con construcciones de casi 400 años de antigüedad- Fiambalá -con su viñedos y termas naturales de aguas provenientes de volcanes-, Saujil -con sus “dunas mágicas”- y el trayecto final al paso fronterizo -con los volcanes de picos nevados denominados “Seismiles” en el horizonte y los guanacos al costado del camino-, hasta llegar a la zona limítrofe con 4200 metros de altura sobre el nivel. En casi todo el recorrido -sobre todo el último- la escasa circulación de vehículos me convirtió en único testigo y propietario de esos paisajes casi desérticos que iban variando de tonalidades -rojos, marrones, verdes, grises y amarillos- junto con el avance de los kilómetros.

No saciado por completo, de regreso por la 60 giré hacia la izquierda por la Ruta 40 y atravesé el corazón de la provincia. Londres, con su antigua ciudad inca Ruinas de El Shincal, Belén, con sus tejidos y artesanías y Villa Vil, separada por un río y con sus propias termas, fueron algunos de los pueblos visitados, cada uno con su rico aporte cultural e histórico a la región.

Para concluir mi aventura, decidí retornar hacia el este y transité por otra cuesta –la del Singuil- recorrí los ex túneles ferroviarios en La Merced, y otros tantos pueblitos pintorescos, como Balcozna, Las Lajas, Las Juntas, Guayamba y El Alto.

De regreso por la ruta que me retornaría a Buenos Aires, la alegría por lo vivido fue mi fiel compañera. El viaje había durado tan sólo una semana, pero alcanzó para que mis cinco sentidos experimentaran una especie de revolución.

Siete días atrás había partido en busca de un reencuentro de sensaciones. Siete días después no sólo las había encontrado sino que había descubierto otras tantas nuevas. La galería de imágenes mentales para mis horas de reflexión ya se ha enriquecido y superado en capacidad.

Al fin supe comprender el por qué de ese entusiasmo de niño por el paisaje catamarqueño. No había mucho secreto: la naturaleza tenía toda la respuesta.

30 mayo 2011

Calor guaraní en el otoño porteño

La colectividad paraguaya tuvo una cita de encuentro el pasado domingo 29 de mayo en plena la Av. de Mayo. "Buenos Aires celebra" , el proyecto llevado adelante por el Gobierno de la ciudad para acompañar las fiestas patrias de cada comunidad residente, le dio su espacio en esta oportunidad al chipaguazú, al tereré y a la polca.

Más de quinientas personas se acercaron a disfrutar de las comida típicas, las artesanías, las muestras culturales y el show artístico que se dio en dos escenarios montados sobre la famosa avenida. En ellos, numerosos grupos de danzas y músicos de Buenos Aires y Rosario deleitaron al público presente con la música de la tierra colorada.





Como en cada festejo de "Buenos Aires celebra", quienes participan de la fiesta no son sólo los de cada colectividad en particular sino que también se suman porteños y turistas. Pero en esta jornada el pueblo paraguayo dio sentadas muestras de su mayoría en el país -más de 5oo mil nativos residentes sin contar los descendientes según las estadísticas arrojadas por el último censo-.

Fue emocionante sentir con fuerza las voces entonando el himno guaraní y tarareando las canciones más famosas mientras alguna que otra lágrima nostalgica se asomaba por varias mejillas. Puras expresiones de amor hacia su patria lejana.





La fiesta se extendió por más de cinco horas. Durante ese tiempo el calor y el colorido albirrojo cubrió por completo el lugar. La tarde nublada y otoñal se retiró ampliamente derrotada.