14 mayo 2007

El negocio del fracaso


-“Estoy cansado de fracasar. No quiero que, cuando muera, la gente me recuerde por las huellas de mis nalgas marcadas a fuego en este sillón”
-“Tenés razón. Deberíamos hacer algo. Algo grande”
-“¡Ya sé! Vamos a escalar el Monte Everest. Podríamos dejar las huellas de nuestras nalgas ahí”
-“Sí, sería una buena idea. Pero hay un problema. Vale sesenta mil dólares, y podríamos morir. De hecho… moriríamos”
-“Mmmm… sería mejor quedarnos en el sillón”
(Joey y Chandler, de la serie estadounidense Friends, sentados en un sillón de la cafetería Central Perk).


Puede que estos dos personajes hayan estado en el programa equivocado. Porque si el tema del fracaso hubiera salido dentro de la casa más famosa de Argentina, Gran Hermano, la solución salvadora la habrían encontrado a pocos metros: recostado en la biblioteca de acrílico, el libro del psicólogo devenido en pastor Bernardo Stamateas podría haberles abierto las puertas del éxito. Resultados Extraordinarios ofrece, a modo de receta de cocina, una decena de leyes que marcan el camino de los que triunfan. Porque son muchos los que buscan evitar el fracaso, pero si esa solución viene en formato didáctico mucho mejor. Es en ese punto el cual Stamateas intenta despegarse del resto de sus colegas: “Hay libros que dicen cosas obvias, porque todos sabemos que tenemos que vivir sin culpas y amarnos; el tema es cómo lograrlo”. No es poca la multitud de fieles detrás del objeto de “salvación”. Irva Sosa de Rosales, terapeuta y seguidora de los libros del género como un camino que eligió para resolver sus problemas, no ahorra elogios: “Stamateas es mi mentor y su libro me revolucionó la vida. La diferencia con los otros libros es que leerlo y poner en prácticas sus sugerencias da lo que dice el título, ‘resultados extraordinarios’, porque se aprende a tener una mirada diferente de la realidad.” En tanto, Luis Galmez, chileno, sostiene: “Resultados te orienta en cómo alcanzar esos sueños de una forma muy práctica, sin dar tantas vueltas. Va directo a lo que uno necesita y es una visión externa de ti mismo”. También están los protagonistas vivientes del “milagro”, como Martin Russo, humorista e imitador: “Tener sueños y metas, son principios que siempre estuvieron en mi vida, pero con este libro muchas cosas fueron reconfirmadas y aprendí muchísimas más. A partir de él, mi vida tomó una nueva dimensión. Tiene un resumen de todos los libros que leí sobre el tema.”
Pero así como hay creyentes, también hay agnósticos, como en la presentación del libro “Terapia de parejas, una mirada sistémica”, del psiquiatra y psicoterapeuta Omar Biscotti. Angela Quinteros Velásquez, colombiana, trabajadora social y colaboradora del autor, afirma: “El concepto de autoayuda se ha deteriorado. Hoy está muy en boga, el paso 1, paso 2, diferente a la concepción de autoayuda relacionada más a nivel grupal como estrategia metodológica aplicada en las ciencias sociales”. En este sentido, Viviana Menéndez, médica pediatra explica que “Terapia… tiene valor por su sólida conjunción teórica al alcance del público”, y respecto a la autoayuda reconoce que “se han bastardeado ciertas líneas teóricas por alguna supuesta llegada a un público masivo.”
En la mirada de los lectores de Biscotti también hay opiniones coincidentes. Andrés Martino, terapeuta, sostiene que “el libro de autoayuda sirve para orientar, delimitar situaciones o conflictos pero no tiene que estar dirigido a que el lector los pueda solucionar. El problema se resuelve desde otro ángulo, el del terapeuta”. Y sentencia: “El error es confundir autoayuda con autoterapia, algo que no existe.” En esa línea, Oscar Matiuswik, abogado, opina: “Terapia… que puede ser una guía, uno puede identificar determinadas situaciones pero es una lectura previa a una charla que puede llegar a tener con terapeutas o con quien haga las veces de, pero la ayuda de un tercero es imprescindible".
La polémica sobre la finalidad de los libros de autoayuda continúa. Lo único cierto e indiscutible es que mientras el fracaso y el éxito, la derrota y la victoria sigan estando en boca de todos, seguirán surgiendo quienes se hagan precisamente exitosos a costa de la desdicha ajena.
Colaboración especial: Magalí Costantino, Pablo Hernández y Facundo Cornejo

12 mayo 2007

Historias alrededor del Congreso

A propósito de los 101 años que se cumplen de la inauguración del Congreso Nacional, surge esta historia que merece ser contada. La Iglesia Regina Martyrum es la más cercana geográficamente al Palacio Legislativo. Ubicada en Hipólito Yriqoyen 2025 (ex Victoria), fue construída por los jesuitas entre 1870 y 1890 y a lo largo de su historia, dada esa cercanía, fue tanto testigo como víctima de los acontecimientos políticos y sociales que se sucedieron. Sin embargo este edificio guarda una anécdota muy particular digna de ser considerada por los fieles como un “milagro de Dios”.
En el año 1954, el sacerdote la Iglesia, perteneciente a la Conferencia de religiosos, había mandando a construir una estatua de mármol de la Virgen. Una vez terminada, decidió ofrecérsela a la Catedral de Buenos Aires, pero fue rechazada por una cuestión de espacio. Luego se la ofreció a las Iglesia de Santo Domingo y posteriormente a la de San Francisco pero también fue negada por el mismo motivo. Ante las negativas, el sacerdote decidió dejarla en Regina Martyrum. Meses más tarde, en la noche del 16 de Junio de 1955 y en represalia al bombardeo de la Plaza de Mayo por parte de miembros del Ejército, seguidores de Perón salieron a quemar todas las iglesias de la ciudad. Curiosamente (sobretodo por la mencionada cercanía al Congreso) Regina Martyrum fue la única Iglesia de todo el barrio del centro de Buenos Aires que no fue quemada. Nunca se supo por qué.

05 mayo 2007

Entre la tele y la sombrilla

Luego de otro año de lucha encarnizada por el lugar más alto en el rating en desmedro de cualquier viso de calidad existente, el verano televisivo lanzó con bombos y platillos (como si fuera necesario) el regreso del “programa del 2007”: Gran Hermano.
Nuevamente, el reclutamiento voluntario de, en esta oportunidad, 18 jóvenes en una casa por un centenar de días, en búsqueda de fama, dinero, en fin, en búsqueda… dispuestos a ser vistos por ojos nocturnos de un televidente devenido en voyeur, que sin debates aparentes en esta Argentina baila al compás de la sombrilla playera.
Como era de esperar, el rating, cuando de cosas poco reciclables se trata, inició paulatinamente su giro vertical hacia el cetro, y los programas de aire se fueron agarrando de eso. ¿Consecuencia? No importa el canal que fuese. El brother está ahí, y los debates se suceden, una y otra vez: sobre quién se va, quién se queda, quién juega, quien no.
No señores, ¿Para qué hablar del dengue, de las candidaturas, de las papeleras, de las inundaciones, de los accidentes de tránsito, de la violencia? No queda más tiempo, sólo para bailar el hit del verano.


Los nuevos "famosos"

26 abril 2007

El humorista más serio del país


“Perdonen que entré así, atropellando”, dice mientras ingresa al escenario del Teatro Opera, a paso lento, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida. La platea compuesta por un público de lo más heterogéneo lo recibe con las primeras risas y aplausos. Con “No me le afloje Garay”, un show caracterizado por la simpleza, ternura y sencillez, el mendocino Cacho Garay confirmó, a sala llena (nada menos que en la exigente calle Corrientes) y luego de seis años de trayectoria, que es un humorista consagrado y el más federal de la actualidad.
Su estilo es tan claro como propio: Hacer reír sin reírse, apoyado por gestos, voz suave y pausada de hombre de campo, silencios bien manejados, y acompañado por su figura alta y desgarbada, pelilarga cabellera y barba candado.
Con el acompañamiento musical del Miguel Paves y Coqui Miguez, durante dos horas Garay, que saltó a la fama luego de que en el 2000 ganara la final del “Show del Chiste” en Video Match, va de una anécdota a otra: de su infancia a su familia, su pasado de camionero y su primer viaje a Buenos Aires. “Qué risa”, remata, siempre con gesto serio.
En el medio, hubo lugar también para una voz femenina, la cantante salteña Irene Tapia, que con su tributo a Violeta Parra conquistó a todos. Pero el momento top del show lo protagonizó “el Chanchi”, el hijo de Garay de sólo tres años que apareció como patovica al ritmo de “Misión Imposible” y que luego de bailar cumbia villera y cantar como Mariachi, (lo que despertó suspiros de la platea femenina), fue sorprendido mientras imitaba a Piñón Fijo con la aparición del auténtico Piñón, quien se llevó una gran ovación.En fin, el show cerró en muchos aspectos, y la mejor muestra de ello fueron las carcajadas permanentes y los aplausos finales, lo que le demostraron al “ex camionero” Cacho Garay que sin lugar a dudas “va por buen camino”.

Julio 2006


El cine en la dictadura

“Quiero un cine positivo, limpio, decente, cultural y no sólo industrial”, fue el mensaje de Miguel Paulino Tato, al asumir como interventor en el Ente de Calificación Cinematográfica en agosto de 1974. Fue el inicio de la censura. Un año y medio más tarde la producción nacional se restringió a largometrajes funcionales al régimen totalitario, y los filmes foráneos fueron fríamente cortados. Se prohibieron alrededor de 350 películas.
La política militar consistía en premiar con apoyo y dinero a aquellas películas que incluían: comedias familiares con personajes pobres pero soñadores y que mostraban una imagen positiva del régimen (“Comandos azules”(1979) de Emilio Vieria, “Amigos para la aventura” (1978), “Brigada en Acción” (1977) y “Dos locos en el aire” y “Dos locos en el aire” (1976) de Palito Ortega, “La mamá de la novia” (1978) de Enrique Carreras, y “La fiesta de todos” (1978), de Sergio Renán, entre otros directores cómplices); filmes donde había que convencer o exterminar al otro por la fuerza como “El Soltero” (1976) o “Y mañana serán hombres” (1978), de Carlos Borcoqsue hijo; y aquellas películas que hablaban de un pasado mítico, o !los viejos tiempos”, como “Así es la vida” (1976) y “Frutillas”(1979), de Enrique Carreras.
De la vereda de enfrente existió un cine contestatario que propuso aspectos críticos de la vida cotidiana e individual, entre las que figuran las prohibidas “Juan que reía” (1976), de Carlos Galletini, “Piedra Libre”, de Leopoldo Torre Nilsson, y “La naranja mecánica”, de Stanley Kubrick (se resistió a ser cortada) y las censuradas “Cinema Paradiso”, “Regreso sin Gloria”, (por su temática antimilitarista), “Missing”, de Costa Gavras, “Mamá cumple cien años”, de Carlos Saura, “Casanova”, de Fellini, y “Feos, Sucios y malos” de Ettore Scola.
Algunas se prohibieron y silenciaron, pero otras resistieron, desarrollando para ello metáforas del horror a través de historias contadas entrelíneas. Entre estas están “La parte del león” (1978), (permitido por ser formalmente un policial, pero con personajes llenos de ambición y rencor) y “Tiempo de Revancha” (1981), (un gremialista que simula ser mudo para ganarle al establishment), ambas de Adolfo Aristarain, y La isla (1979), de Alejandro Doria (personajes que se recluyen sin saber por qué).El fin de la Dictadura dejó como saldo dos cineastas desaparecidos, Raymundo Gleizer o Pablo Szir e innumerables ganas de hacer películas que relaten ya con un mensaje claro y directo y llenos de libertad, todo el terror pasado.



Cinema Paradiso, película censurada