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28 mayo 2010

Postales del Bicentenario argentino

Fueron momentos inolvidables. No se recuerda haber visto en la historia argentina tanta gente congregada por cinco días consecutivos en un radio de ocho cuadras. Las cifras oficiales indican que 6 millones de personas de distintas edades y orígenes se acercaron hasta el Obelisco y la Plaza de Mayo para disfrutar de la fiesta del Bicentenario.

Hubo shows y atractivos para todos los gustos y el resultado pudo verse en el rostro de los presentes: felicidad plena, alegría de compartir un mismo sentimiento patriótico, lejos de cualquier inclinación religiosa, moral, política, cultural, sexual y deportiva.

Que este acontecimiento no se olvide nunca jamás, y pueda repetirse en muchos momentos futuros. No tanto la congregación de gente, como sí el respeto y tolerancia al prójimo, la alegría de verse como un pueblo unido mas allá de las diferencias, el amor hacia su bandera y su patria.

Una verdadera lección para la clase política poseedora de un egoísmo y soberbia en apariencia incurables.















18 noviembre 2009

Noche de los Museos 2009. La cultura brilló en la oscuridad

Desde las 20 hs. del día sábado 14 de noviembre hasta las 2hs. del domingo se celebró la sexta edición de La noche de los museos, un evento cultural organizado por el Ministerio de Cultura porteño, que cada año suma más adeptos. En esta oportunidad, según estimaciones oficiales, unas 480 mil personas visitaron con entrada libre y gratuita algunos de los 150 espacios públicos y privados de la Ciudad de Buenos Aires, 80 mil más que en 2008.

Hubo varias novedades, entre ellas, la inclusión de 35 museos más que en la edición anterior, la proyección fílmica en distintos espacios de Mosaico criollo, una serie piezas del cine mudo argentino realizadas a principios del siglo pasado, y como parte del lema de este año, "Cultura bajo la luna" la incorporación de música en vivo en el lugar principal del evento, la Dirección General de Museos, en Costanera Sur.

Hoja de ruta en mano, el Comunicador Digital realizó su propio recorrido cultural.

La juventud dijo presente

El primer lugar visitado fue la Dirección General de Museos. A unas cuadras de ahí, una Av. de los Italianos oscura y silenciosa no parecía dar visos de fiesta alguna. Pero claro, era cuestión de tiempo y distancia. En el horizonte, una imponente luz comenzaba a dar señales de vida. Y vaya si la había. Frente al edificio, lookeado como un castillo de Medio Oriente, yacía una multitud que se repartía entre una larga cola para entrar, a un costado sobre la vereda, y aquellos que sólo venían a escuchar buena música, ubicados en la calle y en la plazoleta frente a la entrada.

Adentro del museo había varias cosas para disfrutar, entre ellas la proyección de Sucesos argentinos, un compiliado de noticias de la Buenos Aires de antaño, musicalizada por la cantautora Juana Molina. Pero afuera, el entretenimiento no era menor. Dos videowalls entatégicamente ubicados, proyectaban imágenes al ritmo de la música del DJ de turno.





Fue el escen
ario ideal para los jóvenes, porteños y extranjeros. De repente, la calle se convirtió en una disco, bajo una noche primaveral.



La historia que no se escucha

La siguiente parada fue en el Museo Histórico Nacional, en San Telmo. Allí, las primeras fotos sacadas en el país de próceres y extraños se robaron las mayores miradas de los presentes. Sin embargo, otra gran atraccción fue la proyección de algunas de las cintas mudas de Mosaico Criollo, entre ellas el único registro fílmico del ex presidente Bartolomé Mitre -visitando el propio museo-



y las operaciones del Dr. Alejandro Posadas, documento pionero de la ciencia médica mundial, aunque, eso sí, y con advertencia mediante, no apto para impresionables.



La cultura del mundo en un mismo lugar

El último recorrido fue en Retiro. Allí se encuentra el Museo Nacional de la Inmigración, ubicado en lo que llegó a ser el antiguo hotel de Inmigrantes.

La variedad d
e atractivos para los visitantes se extendió por todo el complejo. Ya en el jardín del Museo, la gastronomía típica de varios países, cerveza artesanal incluida, seducía a más de uno. Así, caminar por cada puesto era recorrer de alguna manera parte del mundo. Las tonadas e idiomas de vendedores y comensales, se entremezclaban una y otra vez. "¿Tú sabes dónde está el sector de Puerto Rico?, preguntaba una morena, mientras a un costado un turista mexicano degustaba un taco.

Cruzando el jardín, en la entrada del edificio, diferentes grupos de danzas de otras tierras ofrecían su show.



En el interior, además de los distintos atractivos relacionados a los primeros inmigrantes que llegaron al país, también yacía un escenario, donde se podía presenciar minirecitales en vivo. Y en el tercer piso, se podían disfrutar películas relacionadas con la temática del Museo.

Camino a la salida, y con los últimos sonidos de los tambores de "Tumba La Ta", la cara de los visitantes no era otra que satisfacción. No quedaban dudas. Bajo un cielo oscuro, la cultura había brillado una vez más, expandiendo sus múltiples matices por toda la ciudad.




09 noviembre 2009

XVIII Marcha gay en Buenos Aires: un orgullo que se expande

"Hace dieciocho años, cuando decidimos hacer la primera marcha, llegamos a convocar 250 personas. Muchas de ellas tenían máscaras y antifaces. Hoy podemos decirles que somos más de 100 mil!", exclamó exultante el presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA), César Cigliutti, sobre el escenario montado frente al Congreso de la Nación y ante el aplauso unánime de los presentes.

Puede que el activista haya exagerado en el número -los medios calcularon unos 50 mil asistentes- pero diferencias matemáticas al margen, lo concreto es que la XVIII edición de la Marcha del Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transexual en Buenos Aires, fue lo suficientemente masiva e imponente desde lo colorido para superar con creces las de años anteriores.

Asimismo, las consignas que acompañaron la convocatoria en este 2009 -el derecho a la identidad de género, la derogación de los códigos contravencionales aún vigentes en varias provincias del país y sobre todo, que se trate en el Parlamento el proyecto de modificación al Código Civil que permita el matrimonio entre personas del mismo sexo- fueron una muestra en sí misma del avance que la comunidad viene teniendo en el logro de su principal objetivo, esto es, la igualdad de derechos ante la ley.

Por la importancia de esos reclamos -de lograrse la ley de matrimonio gay sería el primer país latinoamericano en conseguirlo- la marcha había generado una expectativa que fue in crescendo con el correr de las horas. Un grupo de travestis, según ellos el colectivo más perjudicado de la comunidad gltttb, decidió hacer un acampe en Plaza de Mayo a modo de vigilia. No fue tan curiosa esa postal como sí el contraste que le hacía otro acampe ya instalado desde hace tiempo y con fines muy distintos, la de ex conscriptos de Malvinas que piden ser reconocidos como veteranos de guerra.



En ese mismo lugar, pero cerca de las 15 del sábado, se levantó la Feria del Orgullo, con ofertas varias como bijouteries y revistas temáticas, y un escenario donde algunas bandas como Los Labios, Miss Bolivia, Fok y ElektroChongo musicalizaban una plaza que de a poco se iba volviendo multicolor.



Hombres y mujeres de distintas edades, orientación sexual, inclinación política, agrupaciones sociales, nivel económico, provincias y nacionalidades (como era de esperar hubo muchos extranjeros)






fueron poblando la Plaza y calles aledañas, muchos de ellos vestidos para la ocasión. El clima de fiesta ya se hacía sentir.

Pasadas las 18 se inició la movilización en caravana hacia el Congreso. Alrededor de 20 carrozas, cada una muy bien musicalizada, y alguna que otra combi con parlantes desde donde se propagaban cantitos con dedicatorias varias, desfilaron por Avenida de Mayo hacia la avenida Rivadavia, hasta cubrir en su totalidad el trayecto que separa a ambos lugares históricos de Buenos Aires.















En ese momento, dos realidades convergieron al unísono. Por un lado, la de una multitud que acompañaba con alegría y a puro baile cada una de las carrozas; por otro, la de muchos otros que a un costado observaban entre atónitos y curiosos el espectáculo ajeno.



Al llegar a destino, la organización de la fiesta se trasladó al escenario. Bajo la conducción entre otros del humorista Fabio Mosquito Sancineto, integrantes de Puerta Abierta a la Diversidad, primer Centro de Jubilados y Pensionados lésbico-gay de América Latina,



activistas nacionales como el citado Cigliutti y María Raschid -de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transexuales (FALGBT)- e internacionales, como el secretario de Movimientos Sociales y Relaciones con las ONG de la Ejecutiva Federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), Pedro Zerolo, subieron a dejar su testimonio. No faltaron los agradecimientos a quienes apoyan la causa, como los pedidos de abucheos al Jefe de Gobierno de la ciudad, Mauricio Macri, y a la Iglesia Católica por sus posturas anti homosexual.



A continuación y previo al cierre musical a manos de Laura Tuny y Leo García, los animadores llamaron a los presentes a darse un "kissing" (beso) colectivo, como un modo de desafiar el ocultamiento del beso entre homosexuales. Fue el instante en que el aire de libertad se sintió con más fuerzas.



Varias sensaciones quedaron flotando en el ambiente, finalizada la marcha. Una de ellas, que había sido un gran día para la comunidad homosexual y una demostración de que hay derechos por los que valen la pena sacar su orgullo y expandirlo contra barreras individuales e institucionales. Otra, que hay una sociedad, que mas allá de mantener aún fuertes discrepancias, se muestra cada vez más abierta y receptiva con este colectivo, sobre todo ante una manifestación como los vividos en la jornada, sin otros intereses en juego más que aquellos relativos a la dignidad.




19 febrero 2008

Entre lo clásico y lo popular

Como es sabido, la ciudad de Buenos Aires en cuestión musical no escasea en cuanto a su oferta. Hay para todos los gustos, tanto por la riqueza nacional de sus artistas como las figuras internacionales que la visitan año tras año.

Durante el 2007 me tocó asistir a varios recitales masivos de rock- entre ellos el del legendario grupo The Police- pero como no sólo de lo popular vive el arte, incursioné en un género muy lejano a ello: la música clásica.
Lo significativo fue sin dudas el escenario y su auditorio, ya que no fue un sala distinguida ni un anfiteatro. La Banda Sinfonica de Buenos Aires ofreció su repertorio en la renovada estación Constitución, y fue todo un éxito. A continuación, la crónica del particular concierto.
Compuesta por 60 músicos y dirigida por el maestro Lito Valle, la Banda inició el programa con un fragmento de la ópera “Orfeo en los Infiernos, de J. Offenbach, ante un público heterogéneo, entre pasajeros de tren, policías, vendedores y buscavidas, que no enterados del concierto observaban aún tímidamente, mezcla de curiosidad y extrañeza.
En una primera búsqueda hacia la identificación con el “auditorio”, la segunda pieza giró a la música popular: “Milonga”, de A. Ginastera. Así, el clima comenzó a tomar calor y color y con “Goliwogg1`s Cake Walk”, de C. Debussy, los aplausos de un público en aumento se hicieron sentir.
La pegadiza zarzuela “La Revoltosa, de R. Chapí, hizo que muchos siguieran con su dedo el compás de la melodía, y el paso hacia la versión clásica del famoso tango de Cobián y Cadícamo, “Los Mareados”, terminó por conquistar, y no faltó quien acompañara con el tarareo de su letra: “Rara…como encendida, te hallé bebiendo, linda y fatal…”.
La ida y vuelta de lo clásico a lo popular siguió con una selección de la banda sonora del film, “Amor sin barreras, de L. Bernstein y ya en el final, la Banda se lució con el danzarín “Truenos y Relámpagos”, de J. Strauss hijo. El aplauso final con vitoreos incluidos de un público agradecido, ameritó un bis que Lito Valle supo complacer con otro clásico de J. Strauss padre: “Marcha Radetzky”.
Con casi cien años de vida, la Banda Sinfónica de la Ciudad demostró que su iniciativa de llevar de manera libre y gratuita la música clásica y popular a cualquier rincón de Buenos Aires, sigue siendo un aporte fundamental a la integración social y cultural de la sociedad.

26 abril 2007

El humorista más serio del país


“Perdonen que entré así, atropellando”, dice mientras ingresa al escenario del Teatro Opera, a paso lento, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida. La platea compuesta por un público de lo más heterogéneo lo recibe con las primeras risas y aplausos. Con “No me le afloje Garay”, un show caracterizado por la simpleza, ternura y sencillez, el mendocino Cacho Garay confirmó, a sala llena (nada menos que en la exigente calle Corrientes) y luego de seis años de trayectoria, que es un humorista consagrado y el más federal de la actualidad.
Su estilo es tan claro como propio: Hacer reír sin reírse, apoyado por gestos, voz suave y pausada de hombre de campo, silencios bien manejados, y acompañado por su figura alta y desgarbada, pelilarga cabellera y barba candado.
Con el acompañamiento musical del Miguel Paves y Coqui Miguez, durante dos horas Garay, que saltó a la fama luego de que en el 2000 ganara la final del “Show del Chiste” en Video Match, va de una anécdota a otra: de su infancia a su familia, su pasado de camionero y su primer viaje a Buenos Aires. “Qué risa”, remata, siempre con gesto serio.
En el medio, hubo lugar también para una voz femenina, la cantante salteña Irene Tapia, que con su tributo a Violeta Parra conquistó a todos. Pero el momento top del show lo protagonizó “el Chanchi”, el hijo de Garay de sólo tres años que apareció como patovica al ritmo de “Misión Imposible” y que luego de bailar cumbia villera y cantar como Mariachi, (lo que despertó suspiros de la platea femenina), fue sorprendido mientras imitaba a Piñón Fijo con la aparición del auténtico Piñón, quien se llevó una gran ovación.En fin, el show cerró en muchos aspectos, y la mejor muestra de ello fueron las carcajadas permanentes y los aplausos finales, lo que le demostraron al “ex camionero” Cacho Garay que sin lugar a dudas “va por buen camino”.

Julio 2006


Pasión burrera: La vida al galope

Sangre de pato! (¡Atorrante!), Avivate fratte mío, te vas a morir de frío, si no aprendés a escabiar. Despertate, andá un poco a las carreras y a la farra milonguera a bailarte un buen gotán...”, cantó alguna vez Edmundo Rivero en "Te lo digo por tu bien". “…Garconnire, carreras, timbas, copetines de viciosos, y cariños pasajeros, besos falsos de mujer; todo enterré en el olvido del pasado bullicioso... “, compuso Celedonio Flores para su tango “Tengo miedo”.


El tango, la timba, las carreras, la milonga, la farra, son sólo algunos de los términos que han ido siempre de la mano y componentes indiscutibles de la identidad del porteño desde comienzos del siglo XX. El paso del tiempo y sus circunstancias supieron atentar contra ese modo de ser y de vida; sin embargo, hay pasiones que resisten al "ya no ser" y se mantienen vigentes. En pleno corazón de Buenos Aires se puede encontrar uno de esos monumentos a la resistencia: El Hipódromo Argentino de Palermo.


Este predio de Av. del Libertador 4101, es desde ya 131 años de vida uno de los principales refugios del turf. Si bien la popularidad no es la de otras épocas (le ha ocurrido también en cierto modo al tango), sigue manteniendo fieles seguidores, los “burreros”, que en su gran mayoría peinan canas o directamente ya no peinan.
Pero el Hipódromo versión 2007 no solo está compuesta por gente de turf: posibles efectos de mercado permitieron no sólo la continua asistencia de extranjeros que vienen como parte de sus “city tours”, sino también la incorporación hace cuatro años de máquinas tragamonedas, producto de la privatización del hipódromo en 1992, que alentó la llegada de un nuevo público más heterogéneo.


Un día de reunión por Palermo
Quienes sólo van a buscar suerte en las salas de Slots, ingresarán por la entrada de mitad de cuadra del Hipódromo, caminarán la alfombra roja y su recorrido finalizará ya sea en los subsuelos de la Tribuna Oficial, la Tribuna Especial o en la Confitería Paris.
En cambio, los aficionados al turf que asisten a un día de “reunión” (así llamado al programa de carreras) cumplirán obligadamente otro itinerario. La entrada es por la esquina de Av. Del Libertador y Dorrego, previa adquisición de la revista-guía con el programa oficial de la fecha, las estadísticas y las posibles “fijas”. Traspasado el molinete, el siguiente camino es hacia los “Boxes de Exhibición”, el lugar donde previa a la carrera los caballos recorren la “redonda” (se pasean en ronda como modelos en pasarela) y el público puede observar detenidamente cuál “pura sangre” está en mejores condiciones físicas. Vale detenerse a mirar de reojo la importancia que el burrero la da a este momento, agudizando su ojo clínico como si estuvieran analizando las curvas de las modelos en un desfile de Giordano.


La previa
“Próxima Carrera, Premio CADEAUX, sobre 1500 metros…” se escucha desde los altoparlantes. Los diminutos jinetes montan los caballos, ingresan a la pista de arena y se dirigen lentamente hacia las gateras. Es la hora de apostar. La gente se acerca en las distintas ventanillas de apuestas distribuídas entre las tribunas y patios, a la vista de todos. Algunos se guiarán por instinto, o simplemente por amor al juego. Otros, en cambio, se mandan con seguridad, ya sea por sus propios conocimientos de antaño, por los datos de las últimas perfomances de los “pingos” o por recomendación de aquellos personajes “que se las saben todas”, porteñismo puro, propio de las “Aguafuertes” de Arlt.
La suma mínima de la apuesta es de uno o dos pesos dependiendo del tipo de jugada. Los precavidos se atienen a ese valor; los confiados no vacilan en abrir su billetera y extraer sus 20 o 50 pesos sólo para empezar.
Una vez entregados a la diosa fortuna, es el momento de acercarse a las tribunas a la espera del comienzo. Hay tres para elegir, todas de exquisito estilo francés: la Tribuna Oficial, el Paddock y la Especial. Desde la Oficial, a la altura del disco de llegada, hay ubicaciones para todos los gustos: en los mismos escalones, en los coquetos bancos rodeados de jardín al pie de la tribuna, desde adentro del edificio cómodamente sentados con vista panorámica y televisor (símil palco de la “Bombonera”), o directamente al borde de la pista, para presenciar el emocionante final.


¡¡¡¡Laaaarrrrrrgarooonnnnn!!!!
El relator ya lo anunció. El espectáculo ha comenzado y la expectativa y la emoción aumentan con el avance metro a metro de los competidores. Resulta difícil unificar los
comportamientos del público: unos caminan de un lado al otro; otros se persignan. Unos no paran de alentar; otros se congelan frente a los monitores. Unos se pelean por los prismáticos; otros se arreglan estirando su cuello como jirafas.
Faltando escasos metros para el final, los que palpitan el triunfo ya preparan sus gargantas para gritar y alentar con los brazos en alto como un gol de campeonato, y los que perciben la derrota, comienzan a esbozar su mejor gesto de resignación.
“Cien metros finales!, sigue firme primero el 9 con ventaja sobre el 10, por afuera tercero el 7, medio cuerpo el 4 y cruzaron el disco!!!!!!
“Vamoooosss Jacinto, viejo y peludo nomás!!!" En el final, en medio del griterío se escucha el aliento de un “burrero” victorioso clase 1940, dedicado a Jacinto Herrera, jockey del caballo ganador. Sin esperar un segundo, el flamante apostador ingresa al interior del edificio en en busca de su recompensa. Pero no se retirará del Hipódromo: no contento con lo ganado, regresa a la ventanilla a redoblar su apuesta para la próxima carrera.
“Hay gente que no tiene control, y no sabe parar”, comenta por lo bajo una señora, a metros de ahí, cómodamente sentada en los asientos que da a la pista. Con su voz que denota años de fumadora, agrega: “Vengo siempre con mi marido, y siempre apuesto, pero cuando la mano viene mal, ya no insisto”. Es sólo un comentario de los muchos que abundan en la media hora que separa una carrera de otra en este sector elegido por muchos, sobretodo en épocas de frío o lluvia. La edad promedio de sus ocupantes no baja de los 65 años y basta con cerrar los ojos para imaginar que los diálogos pertenecen a alguna tarde de reunión hípica pero de los años 30: '¿Y Tito, como vas? ¿Ganaste algo”?; ‘¿Viste que bien River? ¡Cómo le ganaron a los brasucas!”; ¿Hoy juega el Rojo, no?; “¿Vas para la milonga esta noche?”
Fútbol, carreras, tango se entremezclan una y otra vez...


La media vuelta
Los treinta minutos de rigor ya han pasado y ya se aproxima la decimosegunda. La ilusión se renueva. Las luces ya se encendieron hace rato, la temperatura bajó pero la velada seguirá hasta pasadas las 22, momento en que marcará el final de la reunión. Llegada esa instancia, nuevamente se abrirán dos realidades distintas. Algunos se irán contentos con buena "guita" en los bolsillos y las ganas de prolongar con amigos el festejo en alguna milonga; otros en cambio retornarán a sus hogares, insultando y diciendo con toda la bronca: “¡¡Basta de carreras!! ¡¡Se acabó la timba!!”; pero al mismo tiempo, preso incurable de esa ambigüedad que como fiel porteño guarda en sus entrañas, dejará encendida la llama de la pasión y terminará por sentenciar a lo Gardel: “... pero si algún pingo llega a ser fija el domingo, yo me juego entero ¡qué le voy a hacer!...




24 abril 2007

Magia en los subtes

No es Copperfield, tampoco Emmanuel; tampoco ganó ningún campeonato mundial en su rubro. Se llama Daniel Agustín Quinteros, es mago desde hace cuatro años y su escenario son los vagones de la línea D de subtes. Allí, tres veces por semana, este simpático tucumano de 26 años despliega un show muy particular: al conjunto de trucos le agrega un discurso claro y con sentido, que deja un público antes indiferente, sonriente pero también pensativo.
“La iniciativa de este show es causar un pequeño estímulo a través de las palabras e ilusiones”, explica Quinteros con un lenguaje locuaz y un carisma de oficio. “La magia es un pretexto para tirar mi mensaje, y romper las formas individualistas que lleva la gente para empezar a pensar en sociedad; abrirles la mente y hacerles ver que existe una razón colectiva.” Para lograrlo, Daniel encontró el lugar indicado: “En el subte la gente viaja sin paisaje externo, tensionada, ideal para aparecer y plantear mis pensamientos porque nadie puede escapar y ser indiferente.”
Daniel cuenta que no estudió magia: “Tenía un amigo que sabía un par de juegos y el resto algunos los compré y otros los inventé”. Así, este vendedor de ilusiones y papá de un nene de cinco años afirma: “Me va bien dentro de todo, porque aparte también trabajo en un bar los fines de semana; laburo poco tiempo porque no quiero ser un autómata, y si bien por ahora mi hijo y mi novia no viven conmigo por una cuestión habitacional, al menos me alcanza para mantenerlos.”
Guarda en su mente un gran proyecto futuro: “Llenar un teatro, con una obra que estoy escribiendo”; pero hay algo que añora antes que nada: “Quiero que esto que hago en el subte, con el mensaje que intento dejar, quede como un buen show under y que años más tarde todo el mundo diga: ¿Te acordás del mago del subte?”.
 

Feria de Mataderos: Un pequeño mundo de contrastes

El día gris y lluvioso no fue el compañero ideal de visita. Pero en Mataderos, la Feria de los domingos es sagrada. La gente desde los más diversos orígenes dijo presente y contribuyó a que este popular espacio de 20 años de vida adquiera un microclima especial y lleno de contrastes.
Iniciar el recorrido por la Av. De los Corrales o la Av. Lisandro De la Torre, es indistinto. Lo regional, lo tradicional de nuestras tierras comienza a filtrarse por los sentidos desde los primeros pasos: Las múltiples artesanías, los hombres vestidos de gaucho, el olorcito a las empanadas recién horneadas, y una zamba de Cafrune de fondo hacen notorio esa mezcla entre el campo y la ciudad. En el medio, el elemento foráneo aportado por los turistas, y así, la confluencia de idiomas y tonos que por momentos convierte al monumento al Resero, el corazón de la Feria, en una especie de Torre de Babel. Por allá, una simpática yanki tratando de entender a un vendedor cómo hizo su cuadro; del otro lado, una nórdica que no para de probarse carteras; mas para acá dos italianos fascinados por los cuchillos y dos chilenas comparando culturas; en el puestito de comida, un español comiendo tamales; y como si algo faltara, un chino que observa, pero apoyado en la puerta de su supermercado…
De repente, la lluvia cesa y se arma el clásico baile. Los gauchos y las “chinas”, se mueven con alegría, y en medio de los turistas y sus cámaras, un negro senegalés de larga túnica, como recién venido de un ritual de su tribu, mira con extrañeza la danza (¿comparando?) y sonríe con ganas al momento del zapateo de un octogenario bailarín.
Cuando llega el momento de la izada de bandera al ritmo de “Aurora”, las gotas vuelven a caer como queriendo adueñarse de la tarde; será en vano, a esa altura ya nada podrá logrará desteñir tanto color.