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01 julio 2011

Paisajes de Catamarca: el reencuentro

¿Sueño?, ¿Deseo? ¿Obsesión? No sabría definirlo bien. Lo real y concreto es que esos paisajes de Catamarca los llevaba bien guardados en mi memoria y en mi corazón desde la primera vez que tomé contacto con ellos, o mejor dicho desde que tengo uso de razón.

Es por eso que después de muchos años sin verlos necesitaba un reencuentro, pero esta vez con ojos de adulto, dejando de lado ese encantamiento que me generó de niño.

Necesitaba disfrutarlo de otra manera y desde otro lugar, y llegar a comprender por qué los había llegado a atesorar, más allá de ser la tierra de mis ancestros, a tal punto de ubicarlos en el “top ten” de las visualizaciones más recurrentes a la hora de la reflexión y el relax.

Toda mi vida sentí debilidad por el paisaje serrano del noroeste argentino, y todo el universo que lo conforma: montes, cerros, valles, quebradas, ríos, arroyos y cascadas, caballos y vacas, zambas y chacareras, los quesillos de cabra, el pan casero, las uvas y los dulces artesanales, el clima seco y las siestas. Recuerdo el entusiasmo de cada viaje pasado, cuando a través de la ventanilla del “fitito” familiar empezaba a distinguir a lo lejos los primeros relieves…

Pasó mucho tiempo pero finalmente el momento llegó. Volví, y de la manera que siempre imaginé: en el asiento de conductor, y no sólo dispuesto a redescubrir lo otrora admirado, sino sumergirme aún más en el interior de esa hermosa provincia poco promocionada turísticamente.

El sueño comenzó a tomar forma la madrugada del 16 de abril. Luego de varias horas de viaje, habiendo dejando atrás la ciudad de Córdoba me topé con mis primeros recuerdos de la infancia: las salinas al costado de la ruta, paisaje encantador que obligaba siempre a detenerse y sacarse una foto.

Cuando la tarde daba sus últimos suspiros, la aparición de decenas de cactus fue una de las primeras señales de que la meta estaba cerca. Sin embargo la oscuridad de la noche postergó la bienvenida oficial a la ciudad capital hasta el día siguiente.

Fue ese instante, en el que mi mirada se alzó hacia uno de los cordones serranos donde el febo matinal provocaba con sus rayos una especie de escala cromática de luces y sombras sobre el relieve irregular, la confirmación de que mi sueño se había cumplido.

Embargado de emoción decidí iniciar mi travesía por las callecitas céntricas de San Fernando del Valle. Las viviendas, que también se da en otros pueblitos de la provincia, aún conservan su estilo colonial. Esto es tan característico como la infaltable plaza principal con su iglesia en unos de sus laterales. Por supuesto, ninguna comparable con la plaza “25 de mayo”, con la imponente catedral de la Virgen del Valle.

Concluido el primer recorrido, me dirigí hacia otros lugares que alguna vez había visitado: Las cuestas del Portezuelo y del Totoral, El Rodeo, los diques El Jumial y Las Pirquitas.

Todo me resultó conocido y al mismo tiempo impactante. Fue lindo volver a experimentar sensaciones de antaño… Cómo no olvidarme de mis primeros paseos a caballo cada vez que al costado de la ruta veía algunamanada. Cómo no percibir el miedo en cada cuesta empinada y al mismo tiempo enamorarme de cada postal que me regalaba el precipicio.

A partir de ese instante, mi apetito turístico y aventurero se multiplicó. Eran mis ojos de niño y de adulto fusionados al mismo tiempo.

Entregado a la naturaleza, inicié mi rumbo hacia lo desconocido. Fui en busca de la Ruta 60 cuyo recorrido termina en el Paso de San Francisco, límite con Chile.

Lo que vino después fue algo simplemente mágico. El camino hacia el oeste se transformó en una especie de alfombra roja hacia un espectáculo único.

Tinogasta, con sus museos arqueológicos, la “ruta del adobe"” -ese increíble viaje en el tiempo con construcciones de casi 400 años de antigüedad- Fiambalá -con su viñedos y termas naturales de aguas provenientes de volcanes-, Saujil -con sus “dunas mágicas”- y el trayecto final al paso fronterizo -con los volcanes de picos nevados denominados “Seismiles” en el horizonte y los guanacos al costado del camino-, hasta llegar a la zona limítrofe con 4200 metros de altura sobre el nivel. En casi todo el recorrido -sobre todo el último- la escasa circulación de vehículos me convirtió en único testigo y propietario de esos paisajes casi desérticos que iban variando de tonalidades -rojos, marrones, verdes, grises y amarillos- junto con el avance de los kilómetros.

No saciado por completo, de regreso por la 60 giré hacia la izquierda por la Ruta 40 y atravesé el corazón de la provincia. Londres, con su antigua ciudad inca Ruinas de El Shincal, Belén, con sus tejidos y artesanías y Villa Vil, separada por un río y con sus propias termas, fueron algunos de los pueblos visitados, cada uno con su rico aporte cultural e histórico a la región.

Para concluir mi aventura, decidí retornar hacia el este y transité por otra cuesta –la del Singuil- recorrí los ex túneles ferroviarios en La Merced, y otros tantos pueblitos pintorescos, como Balcozna, Las Lajas, Las Juntas, Guayamba y El Alto.

De regreso por la ruta que me retornaría a Buenos Aires, la alegría por lo vivido fue mi fiel compañera. El viaje había durado tan sólo una semana, pero alcanzó para que mis cinco sentidos experimentaran una especie de revolución.

Siete días atrás había partido en busca de un reencuentro de sensaciones. Siete días después no sólo las había encontrado sino que había descubierto otras tantas nuevas. La galería de imágenes mentales para mis horas de reflexión ya se ha enriquecido y superado en capacidad.

Al fin supe comprender el por qué de ese entusiasmo de niño por el paisaje catamarqueño. No había mucho secreto: la naturaleza tenía toda la respuesta.

05 agosto 2009

Silvio en Asunción: Frías gotas de lluvia... cálidas lágrimas de emoción

El clima no fue el mejor aliado de la histórica jornada en la que el cantautor cubano Silvio Rodríguez se presentó por primera vez ante el pueblo paraguayo. Sin embargo, muchos factores coincidieron para que la música y la poesía aporten el calor ausente y conquisten los corazones de cerca de siete mil almas.

La noticia del inminente arribo del máximo exponente de la denominada Nueva Trova Cubana, por primera y –posiblemente- única vez en la República del Paraguay para ofrecer en su ciudad capital un concierto gratuito fue motivo más que suficiente para que el Comunicador Digital viajara hasta el hermano país a ser fiel testigo de ese momento.

Tras 19 largas horas de viaje vía terrestre, el cielo gris y amenazante que acompañaba al mediodía asunceño no parecía ser el apropiado para un recital al aire libre. Para más, el frío se hacía sentir con autoridad, lo que según comentarios de un taxista, suele amedrentar al ciudadano paraguayo, por lo general no acostumbrado a tan bajas temperaturas.

La apertura del lugar del concierto gratuito, en la fachada litoral del Palacio de Gobierno –a orillas del río Paraguay y a pocas cuadras del centro de Asunción- estaba prevista para las 15:00. Sin embargo, cercano a esa hora, las calles se mostraban desiertas y oscuras, y poco más tarde, mojadas, producto de una fuerte lluvia con tintes de diluvio. Este contexto obligó a retrasar casi una hora la apertura, y a dilatar la ansiedad de un grupo de seguidores, que sin embargo se entretenía cantando las canciones de su ídolo debajo de un árbol.


Algo comenzó a notarse ya en el ingreso al predio: la desorganización que acompañaba al evento. Durante el día se había anunciado la -incomprensible- prohibición de entrar con filmadoras, y cámaras de fotos como así también equipos de mate y tereré. Por fortuna para el público, la mayoría del personal de seguridad fue bastante permisivo, tal vez dadas las malas condiciones climáticas.


Ya en el lugar, un amplio vallado separaba por varios metros al público del escenario, mientras que dentro del mismo yacían alrededor de 150 ubicaciones reservadas para la comitiva presidencial, autoridades nacionales, invitados especiales y medios de prensa acreditados. Era por demás evidente la falta de previsión de los organizadores, muy atentos para poner asientos “más cómodos” para los cincuenta asistentes VIP pero no tanto para tomar los recaudos pertinentes ante un pronóstico de mal tiempo anunciado con anticipación.


Pero la situación que dejó en total evidencia la falta de planificación para montar un buen espectáculo ocurrió a media hora del comienzo del show. Un grupo de fanáticos logró filtrarse por entre medio de dos vallas hacia el interior del perímetro, acción que luego imitaron otros tantos. Resultaba hasta cómico observar al personal de seguridad absolutamente estático y desorientado sin saber qué hacer, ante gente que sin temor alguno trepaba desde varios costados, sin más obstáculo que el metro y medio de altura de esas barreras de hierro oxidado.

Cuando finalmente se decidió impedir la maniobra, ya había más de cien personas en el sector privilegiado. Sin embargo, esa travesura popular no generó ningún problema sino que muy por el contrario terminó siendo funcional a una buena causa. Es que dentro de los invitados al concierto se encontraban familiares de los 364 fallecidos del incendio del supermercado Ycuá Bolaños de Asunción -tragedia ocurrida un 1º de agosto de hace cinco años atrás- y muchos de los “recién llegados” accedieron a portar los carteles con las fotos de las víctimas que esta gente traía para homenajearlas elevándolas al canto de la trova.

Pasados diez minutos de las 17 hs. arribó hasta el lugar la comitiva presidencial encabezada por el primer mandatario Fernando Lugo. Más allá de la estricta seguridad que lo rodeaba, la situación ocurrida minutos antes provocó un hecho curioso que en muchos países difícilmente ocurra: ver a un presidente tan cerca del pueblo (al menos físicamente), sin campaña electoral mediante.

El mandatario paraguayo disfrutando del concierto. ¡Epa! ¡No me mires así! ¡Es sólo una foto!

Un "flechazo" al corazón

El primero en subir al escenario fue el intérprete paraguayo Ricardo Flecha, quien se paró frente a un atril con una remera extendida que rezaba “las puertas están cerradas”, en clara alusión a la tragedia civil más grande sucedida en el país.

Quienes no lo conocían hasta ese entonces descubrieron en Flecha una dulce voz que empezó a teñir de emoción el frío y ya oscuro día. Sus temas como “Coraje”, en recordatorio a las víctimas del Ycuá Bolaños, y “Gracias a la vida”, arrancaron más de una lágrima y por un momento se generó la sensación de que aquellas almas invisibles parecían sobrevolar el lugar y acariciar en forma de viento fresco las mejillas de los presentes.






Haciendo una lectura perfecta de la situación, el artista local aprovechó la presencia de las autoridades nacionales para hacerles un reclamo: "Cumplan con su deber, por favor, toda una sociedad, una nación, aguarda mucho de ustedes", lo que arrancó una cerrada ovación general. Cabe aclarar que la causa iniciada por la tragedia aún no está cerrada y los principales acusados del siniestro aún no han sido debidamente juzgados.

Para cerrar su participación, Flecha convocó al escenario a otro compatriota, el músico Chondi Paredes, con quien cantó “Patria Querida”. La música pegadiza de este tema sirvió de perfecto plato principal. La gente ya estaba preparada para lo mejor...


Te doy una canción!

El reloj marcaba las 18:05 cuando Silvio Rodríguez y sus músicos pisaron el escenario entre aplausos y gritos eufóricos. “En el claro de la luna”, marcó el inicio de un recorrido por su exitosa carrera artística.





“Buena noches Asunción”, exclamó el trovador a continuación, ante un público enfervorizado. "Más vale tarde que nunca (...). Estoy muy contento. Lamentablemente ha caído un poco de agua pero ya veo que no le tienen miedo al agua ni al frío", agregó el artista.


El repertorio continuó con “Sueños con serpientes”, “Quien fuera”, “Oleo de una mujer con sombrero” y “Gaviota”, para el deleite de un público que intercambiaba tarareos con pedidos de temas, aplausos y gritos como “¡Cuba, Cuba, Cuba, el pueblo te saluda!”. La heterogeneidad de los presentes se hacía evidente a un simple golpe de vista. Hombres y mujeres de distintas edades, orígenes y clases sociales se entremezclaban en este encuentro con la poesía latinoamericana.


Luego de que el trovador dedicara “El dulce abismo” a cinco cubanos presos en cárceles estadounidenses,





con el tema “Mariposas” se inició implícitamente el primer recordatorio a las víctimas del incendio. Como había sucedido con Flecha, con las fotos elevadas al cielo, un silencio reflexivo y nostálgico cubrió por completo los jardines del Palacio, mientras la poesía de Silvio y el clarinete de la brillante Niurka González, invitaba a volar imaginariamente al compás de su melodía.


A continuación de “Canción del elegido” el artista cubano presentó a los músicos –todos de excelencia, como la ya citada González en clarinete y flauta, el percusionista Oliver Valdés, el guitarrista Rachid López, el tresero Maykel Elizarde, y el contrabajista César Bacaró. Transcurría ya la mitad del show. 
“El necio”, “El papalote”, “la Maza”, “Sinuhé” y “Canto Arena” pasaron en los minutos siguientes por los oídos de los asistentes, en momentos en que la lluvia parecía jugar de a ratos a las escondidas.



Otro momento destacado de la noche fue la reaparición en el escenario de Ricardo Flecha, en esta oportunidad para entonar junto a su par cubano “Pequeña serenata diurna”, con la impecable interpretación en guaraní del cantante local, un auténtica demostración de la belleza de este idioma autóctono vigente desde siempre por esta zona de Sudamérica. En ese preciso instante, el cielo asunceño se iluminó de fuegos artificiales, lo que le dio el toque final a tan maravilloso cuadro.

Al final de este viaje…


Cerca del final aparecieron las canciones más pedidas por todos. “Ojalá” y “Te doy una canción” sin dudas se llevaron la mayor ovación.



Y no pudo faltar el homenaje prometido a las “cuatrocientas almas”, tal como llamó el trovador a las víctimas del Ycuá Bolaños, con “Unicornio”. Fue cuando retornó el silencio, el tímido acompañamiento de su letra casi como un rezo, las fotos de aquellos rostros inocentes en lo alto, la reflexión, el recuerdo, la nostalgia, la sed de justicia, la emoción…


Pese a que era “su” concierto, el cantautor prefirió que el trovador paraguayo Alberto Rodas pusiera fin al encuentro con el pueblo asunceño con “¿Dónde están?", en homenaje a los 400 desaparecidos durante la dictadura del general Alfredo Stroessner (1954-89).



Pero no fue un adiós definitivo. Cuando el presidente Lugo se retiró del lugar, las vallas se abrieron y la gente que no había podido ver al artista de cerca se acercó a pedir un “bis”. El pedido se volvió generalizado y pareció convencer a Rodríguez, quien regresó para entonar “Angel para un final”.



Sin embargo, las intenciones del cubano de continuar un rato más se disiparon no bien tres personas se treparon al escenario, actitud que lo enojó al punto de calificarlas de “indisciplinadas”. Así, con “Casiopea”, se despidió en medio de una gran ovación de un público agradecido. El reloj marcaba las 20: 25 de la noche.

Camino a la salida del predio, las caras de los asistentes hablaban por sí mismas. Había terminado una jornada a pura agua. Las de las gotas de lluvia; las de las lágrimas que emergieron de muchos ojos. Y aunque el frío haya hecho tiritar a más de uno, la profundidad de la poesía hecha trova de Silvio Rodríguez bastó para aportar una calidez que llegó hasta el corazón, mas allá de cualquier inclinación política.




30 marzo 2008

Postales de Asunción

"En breves instantes estaremos arribando a la ciudad de Asunción”, anuncia la azafata luego de poco más de una hora y media de vuelo nocturno. Las diferencias comienzan a apreciarse, no sólo al observar por la ventanilla y comparar la luminosidad de ambas ciudades, sino con el informe posterior de la simpática morocha: “...la temperatura es de 29° y el cielo se encuentra despejado”... Poco se asimila a la lluviosa Buenos Aires dejada atrás...

¿Qué tan igual y tan distinto es una ciudad de otra? Adentrarse en el juego de cercanías y distancias entre lo propio y lo ajeno es algo que surge inevitablemente a la vez que resulta interesante, porque implica indagar sus causas y entender un poco más sobre ciertas realidades de los países latinoamericanos.

La ciudad de Asunción de la República del Paraguay parece por su extensión en una primera impresión una ciudad del interior argentino, aunque del norte, por el calor permanente. Este clima sofocante es el que empieza a brindar respuestas a las primeras inquietudes. No sólo al hecho de que pase por ridículo todo neófito visitante que lleve consigo un suéter -aunque sea en mano- sino también a esa costumbre tan arraigada de este suelo de tomar mate con agua helada (llamado tereré) cualquiera sea el contexto (solo o en compañía, caminando, o en un auto). No pasa mucho el tránsito de la extrañeza inicial del foráneo hasta la prueba experimental, esto es, la ingesta de la infusión, todo sea por llevar algo de agua al cuerpo...










Recorrer la ciudad de noche no es lo ideal para conocerla en profundidad, pero sí para confirmar que un viernes de marzo estival y más con la complicidad de un cielo estrellado es sinónimo de disfrute y distensión. A medida que el aeropuerto se va alejando y se ingresa a barrios más urbanos, los pasacalles comienzan a formar parte de la escenografía. No son otra cosa que invitaciones a algún local bailable de los “populares”, con descuento en entradas, consumiciones y alguna que otra oferta ocasional como “el baile del caño” de señoritas prestas para la ocasión... Por supuesto, a esa postal no falta el elemento sonoro. La "kachaka" y el reggaeton se entrecruzan de una vereda a otra casi como una batalla de ritmos, cuyo resultado parece ser el de empate técnico.

El transcurrir de la estadía ayudará a entender ese estado festivo. Si hay algo de lo que los asunceños no pueden prescindir nunca es de las reuniones sociales. Cualquier excusa es bienvenida, (un partidito de fútbol, o el simple fin de semana de descanso) para someterse al ritual de un encuentro con amigos, con cervezas de por medio como elemento obligado y otros que pueden alternar, como el asadito casero, el baile, el karaoke casero o la inclusión de las parejas o la familia. Esta es la típica “farra” paraguaya.














El clásico asadito paraguayo


Si de cuestión de géneros se trata, la mujer parece dar una mejor imagen que el hombre. Ellos llevan la cruz de ser machistas y mujeriegos y a ellas no sólo tienen a favor lo estético sino que demuestran ser más dispuestas al trabajo, tanto dentro como fuera del hogar.

Hablando de la sociedad en general, hay algo que debe mencionarse. La familiaridad parece ser una cualidad natural por estas tierras, y además el trato con el extranjero suele ser amable y generoso, aunque la gente no viva en una ciudad volcada al turismo. Sin embargo, por estos lados tampoco simpatiza la soberbia del argentino, al que se lo apoda “kurepa” o “kurepí” (algo así como “piel de chancho”).

No es casual el uso cotidiano del guaraní. Es, junto al castellano, el idioma oficial del país, debido a que un 90% de su población lo habla. Paraguay es el único en Sudamérica en conservar la lengua indígena, algo que se puede considerar todo un respeto a un pasado ancestral y es sin dudas el símbolo más fuerte de patriotismo local.

Asunción a la luz

El recorrido diurno tiene sus diferencias, salvo por el calor, en marcado ascenso minuto a minuto. La claridad permite quitarle el velo a la ciudad y conocerla con más detalle; descubrir más bondades, y más contrastes.

















Otra vista de la ciudad desde la ventana de un edificio


Camino a la zona más céntrica, hay algo que a los ojos extraños llama de inmediato la atención. Hermosas camionetas 4 x 4 de distintos modelos y marcas se cruzan en el camino una y otra vez, con una frecuencia imposible de comparar a la porteña. La duda sobre el origen legal de tales rodados emerge por sí sola, aunque el hecho de notar que quien las conduce no aparentan ser personas que vivan en barrios privados o posean una “casa quinta” en las afueras, se convierte en una prueba crucial que define por sí el veredicto.

Si de bellos vehículos se trata no podemos dejar de lado a los taxis. No, aquí no abundan Renaults, Fiats y Peugeots. Subirse a uno de ellos en Asunción equivale a pasear en un ochentoso Mercedes Benz amarillo, instante en el que se da por terminado el tiempo puesto en juego para tratar de encontrar una similitud entre Asunción y New York!!























Son algunas imágenes pintorescas que contrastan con la crisis económica y política por la que se encuentra sumergida la ciudad. Si bien no dista mucho de la realidad general de Sudamérica, hay datos duros como el de Transparency Internacional (TI) , que ubican a Paraguay en el primer puesto entre los países más corruptos del continente. No es tarea compleja encontrar la causa de esta “conquista” ni del evidente atraso en su desarrollo.

Cincuenta años de una violenta e inoperante dictadura al mando del general Alfredo Stroessner, sólo posible de mantenerse en el poder mediante una turbia alianza entre el Gobierno, las FFAA, y el partido político más tradicional del país, el Partido Colorado, y 17 años posteriores de una débil democracia, constituyeron el escenario ideal para la instauración de la citada corrupción, la carencia de progresos de reforma estructural, la deuda externa y las deficientes infraestructuras, con una triste consecuencia: de una población total que no alcanza los 6 millones de habitantes, alrededor de un millón de paraguayos han emigrado en busca de una mejor condición de vida, siendo España el destino elegido en los últimos años.

Ejemplos de la realidad se encuentran al instante. Por citar algunos, si de servicios básicos se trata, muchas calles piden a gritos ser reparadas y otras tantas al menos pavimentadas y los ómnibus de pasajeros -algunos con molinetes en su interior (¿?) y piolines para jalar en la función de timbre- lo que piden es un inmediato pase a retiro. Eso sí, hay algo que no puede despertar el más mínimo asombro al argentino. Aquí se conduce tan mal y se infringe la ley tantas veces como allá, aunque agravado quizás por una inferior e incorrecta señalización. Aunque si de esto último se trata no es algo que preocupe mucho a la gente. No pocos asegurarán conocer cómo ir a “x” lugar sin saber el nombre de la calle; y mucho menos se tendrá en cuenta la altura, algo que directamente no tiene utilidad, puesto que sólo alcanza con el “casi”: “14 de mayo casi Palma”.















A la hora de encontrar un lugar donde comer no se presentan mayores dificultades. Los puestos ambulantes de sabrosos lomitos y empanadas abundan por doquier. Esto invita a que mucha gente no espere la hora del almuerzo para degustarlos sino que lo haga ya a media mañana. En cuanto a algunas particularidades de las mesas paraguayas, se destaca la mandioca –tubérculo que acompaña a las comidas en lugar del pan- y la sopa paraguaya -que al revés de la argentina no es líquida. Y no se puede dejar de mencionar a la infaltable chipa, que se come a toda hora, ni bien se cruce con un puesto de venta ambulante por el camino.

El microcentro asunceño dista del porteño no sólo en cuanto a sus dimensiones. En el hombre oficinista, por ejemplo, el saco es un elemento inexistente, sobre todo cuando el cartel indicador de la temperatura devuelve un 42º. Y si a la hora pico las calles son muy transitadas no es ése el lugar con mayor número de gente por metro cuadrado de la ciudad. Sin dudas, el Mercado municipal nro. 4 es el lugar más concurrido por excelencia. En esta megaferia de alrededor de cinco manzanas se puede encontrar de todo, desde alimento, pasando por ropa, telefonía celular y productos electrónicos en general. Si bien la higiene y seguridad no son la característica del lugar, el bajo costo de la mercadería que allí se encuentra atrae la visita de gente de distintos puntos del país y del exterior, como una opción alternativa y local a la incomparable Ciudad del Este.
















En fin, han sido sólo algunas postales de una ciudad del corazón de Sudamérica. Por supuesto que existen más, pero la corta estadía no lo permite. El vuelo de regreso espera en un mediodía a pleno sol, mientras quedará la duda de cómo será un día de lluvia en la zona. Camino al Aeropuerto Silvio Pettirossi, miles de imágenes y sensaciones se entremezclan, entre las que prevalece la tristeza, por abandonar la calidez de su gente, y también por la situación encontrada, pensando como muchas veces se hace de Argentina, que “esta ciudad puede ser mucho más de lo que es”. Porque se ha visto que tiene con qué, tiene a su pueblo, que aunque herido, golpeado y usado por más de medio siglo, da síntomas de querer despertar y dejar de ser tratado de ignorante. Mucho dependerá de quién lo ayude, lo guíe, le indique cómo hacerlo, que lo involucre en el cambio, responsabilidad que recaerá sobre todo en el nuevo gobierno que le toque asumir en agosto -el próximo 20 de abril se celebran las elecciones que nombrará un nuevo presidente. Se intuye una empresa difícil a corto y mediano plazo, pero mas allá de quién sea el elegido, es un deseo de corazón de todos aquellos que se han encariñado con esta ciudad, que de una buena vez Paraguay se levante de su eterna siesta y demuestre sus verdaderas virtudes al mundo.

24 abril 2007

Feria de Mataderos: Un pequeño mundo de contrastes

El día gris y lluvioso no fue el compañero ideal de visita. Pero en Mataderos, la Feria de los domingos es sagrada. La gente desde los más diversos orígenes dijo presente y contribuyó a que este popular espacio de 20 años de vida adquiera un microclima especial y lleno de contrastes.
Iniciar el recorrido por la Av. De los Corrales o la Av. Lisandro De la Torre, es indistinto. Lo regional, lo tradicional de nuestras tierras comienza a filtrarse por los sentidos desde los primeros pasos: Las múltiples artesanías, los hombres vestidos de gaucho, el olorcito a las empanadas recién horneadas, y una zamba de Cafrune de fondo hacen notorio esa mezcla entre el campo y la ciudad. En el medio, el elemento foráneo aportado por los turistas, y así, la confluencia de idiomas y tonos que por momentos convierte al monumento al Resero, el corazón de la Feria, en una especie de Torre de Babel. Por allá, una simpática yanki tratando de entender a un vendedor cómo hizo su cuadro; del otro lado, una nórdica que no para de probarse carteras; mas para acá dos italianos fascinados por los cuchillos y dos chilenas comparando culturas; en el puestito de comida, un español comiendo tamales; y como si algo faltara, un chino que observa, pero apoyado en la puerta de su supermercado…
De repente, la lluvia cesa y se arma el clásico baile. Los gauchos y las “chinas”, se mueven con alegría, y en medio de los turistas y sus cámaras, un negro senegalés de larga túnica, como recién venido de un ritual de su tribu, mira con extrañeza la danza (¿comparando?) y sonríe con ganas al momento del zapateo de un octogenario bailarín.
Cuando llega el momento de la izada de bandera al ritmo de “Aurora”, las gotas vuelven a caer como queriendo adueñarse de la tarde; será en vano, a esa altura ya nada podrá logrará desteñir tanto color.