26 septiembre 2007
18 septiembre 2007
Un año más de impunidad
El 18 de septiembre de 2006, Jorge Julio López, un hombre que se atrevió a contar a la Justicia su verdad sobre lo sufrido durante su secuestro bajo el régimen militar - y que llevó a condenar a reclusión perpetua al ex comisario de la Policía Bonaerense, Miguel Etchecolatz - pasó a ser un desaparecido más.A un año sin noticias sobre su paradero, la sociedad argentina sigue exigiendo a las autoridades su pronta aparición con vida.
16 septiembre 2007
¿Había una vez un circo?
En la actualidad, el circo tradicional ya no es el que supo ser. Las nuevas tendencias, las prohibición del uso de animales y la falta de apoyo y menosprecio estatal fueron relegándolo de la ciudad y dejarlo en amplia desventaja frente al teatro.
Jorge Videla, referente con más de cien años de tradición familiar y creador de la primera escuela de circo criollo en el país y la segunda de América, detrás de Cuba, repasa la historia, valores, mitos y realidades de una manifestación cultural que lucha por subsistir, pero no sólo en los corazones.
Breve reseña familiar
“Somos, junto a mi hermano, la tercera generación de los Videla, una familia ligada al circo, que inició mi abuelo Simón allá por 1890 y ya va por la quinta”, cuenta orgulloso Jorge, 67 años, acróbata, malabarista, payaso, actor, bailarín, en fin, artista… y desde hace 27 años docente de su propia escuela.
Así como lo cuenta, un día, Simón Luis, con tan sólo trece años decide abandonar a su adinerada familia mendocina - Los Videla Correas Salinas- y escaparse con un circo criollo que pasaba por la ciudad. Se inciaba así una dinastía que ya va por la quinta generación. En 1940, su abuelo logró tener su propio circo , al que llamó "Circo hermanos Videla", porque trabajaba toda la familia, y donde nació Jorge.
El circo recorrió durante 25 años ciudades argentinas, Uruguay y Paraguay. Con la muerte de su padre, Jorge y su hermano Oscar decidieron venirse a Buenos Aires, donde rápidamente encontraron donde continuar su carrera: vinieron otros circos, la televisión y el teatro.

Jorge Videla, a los diez años y Jorge (p), Jorge (h), y Oscar Videla
El circo de antes y el de ahora
En los últimos tiempos ha surgido a nivel mundial, un nuevo estilo de circo, basado en la destreza física de sus artistas y la ayuda de la tecnología y efectos visuales. Un ejemplo de este nueva tendencia es el canadiense Cirque du Soleil.
Varela rechaza ese término: “A lo largo de la historia siempre hubo un `nuevo circo´; lo fue el circo criollo, cuando en 1886 José Podestá incorporó el teatro hablado y nació el Teatro Nacional; lo fue el circo tradicional en los años treinta, con la llegada de los circos extranjeros como el Sarrasany y sus animales; lo fue el circo Thiany en los sesenta, cuando trajo el music hall; ocurrió lo mismo con el circo de Moscú y ahora ocurre con el Soleil”. “Las épocas cambiaron pero dudo si este circo tiene algo de nuevo, porque no es una empresa de circo genuina. Los artistas no son de circo sino gimnastas que llegaron por casting”, critica Jorge. Y agrega: "El verdadero circo nacional es el criollo que se dejó de hacer en los sesenta porque era caro mantener circo y teatro. En un momento junto al tradicional llegó a haber 200. Hoy se redujo a 60, pero no porque a la gente no le guste sino también porque a $3 la entrada es muy difícil subsistir".
La prohibición de animales
El 8 de octubre del año pasado, la Legislatura porteña aprobó la ley 1446, sancionada en 2004, que prohíbe los circos con animales. Esta ley fue impulsada por el ex diputado Carlos Almejeiras (partido de la Ciudad) a pedido de la Fundación Argentina para el bienestar Animal (FABA), presidida por Ivana de Redrado, esposa de Martín, presidente del Banco Central. Esta ONG había denunciado maltratos y abusos contra los animales. De esta manera la ciudad sigue a otros municipios con ordenanzas similares, como Avellaneda, Lanús, La Plata, Tandil, Rosario o Rafaela.
Jorge Videla nunca trabajó con animales, pero la considera una medida discriminatoria: “La gente habla con total ignorancia. En ninguna parte del mundo ha ocurrido algo así. ¿Cómo vas a maltratar a un animal que vale 60 mil dólares y da ganancias? Y si se muere un león se queda sin trabajo el domador. No digo que no hay gente que no maltrate. A ese hay que castigarlo. Nosotros mismos hemos dicho a domadores `Si no sabés enseñar dedicate a otra cosa, boludo´.”
En cuanto al cautiverio, Varela explica que “todas las razas están en extinción, pero porque venden sus pieles, sus colmillos e incluso la gente se comen hasta los elefantes". "¿Los quieren en su hábitat para que los extingan?”, se queja Jorge, y agrega: “El maltrato a los animales se ve en los dogos que matan a las criaturas, en los hipódromos con los caballos y en el uso de fertilizantes en la flora, donde muchos animales se alimentan de ella”.
También Jorge echa por tierra que se alimente a los leones con perros y gatos: “¡Con esos se tapan las caries de un colmillo! Tenés que matar a miles si así fuera para alimentar a pocos".
Y para terminar, hace una sugerencia: "Que al circo se lo reglamente, pero no que se lo prohíba. De esta manera se están poniendo contra de nuestra cultura."
Varela rechaza ese término: “A lo largo de la historia siempre hubo un `nuevo circo´; lo fue el circo criollo, cuando en 1886 José Podestá incorporó el teatro hablado y nació el Teatro Nacional; lo fue el circo tradicional en los años treinta, con la llegada de los circos extranjeros como el Sarrasany y sus animales; lo fue el circo Thiany en los sesenta, cuando trajo el music hall; ocurrió lo mismo con el circo de Moscú y ahora ocurre con el Soleil”. “Las épocas cambiaron pero dudo si este circo tiene algo de nuevo, porque no es una empresa de circo genuina. Los artistas no son de circo sino gimnastas que llegaron por casting”, critica Jorge. Y agrega: "El verdadero circo nacional es el criollo que se dejó de hacer en los sesenta porque era caro mantener circo y teatro. En un momento junto al tradicional llegó a haber 200. Hoy se redujo a 60, pero no porque a la gente no le guste sino también porque a $3 la entrada es muy difícil subsistir".
La prohibición de animales
El 8 de octubre del año pasado, la Legislatura porteña aprobó la ley 1446, sancionada en 2004, que prohíbe los circos con animales. Esta ley fue impulsada por el ex diputado Carlos Almejeiras (partido de la Ciudad) a pedido de la Fundación Argentina para el bienestar Animal (FABA), presidida por Ivana de Redrado, esposa de Martín, presidente del Banco Central. Esta ONG había denunciado maltratos y abusos contra los animales. De esta manera la ciudad sigue a otros municipios con ordenanzas similares, como Avellaneda, Lanús, La Plata, Tandil, Rosario o Rafaela.
Jorge Videla nunca trabajó con animales, pero la considera una medida discriminatoria: “La gente habla con total ignorancia. En ninguna parte del mundo ha ocurrido algo así. ¿Cómo vas a maltratar a un animal que vale 60 mil dólares y da ganancias? Y si se muere un león se queda sin trabajo el domador. No digo que no hay gente que no maltrate. A ese hay que castigarlo. Nosotros mismos hemos dicho a domadores `Si no sabés enseñar dedicate a otra cosa, boludo´.”
En cuanto al cautiverio, Varela explica que “todas las razas están en extinción, pero porque venden sus pieles, sus colmillos e incluso la gente se comen hasta los elefantes". "¿Los quieren en su hábitat para que los extingan?”, se queja Jorge, y agrega: “El maltrato a los animales se ve en los dogos que matan a las criaturas, en los hipódromos con los caballos y en el uso de fertilizantes en la flora, donde muchos animales se alimentan de ella”.
También Jorge echa por tierra que se alimente a los leones con perros y gatos: “¡Con esos se tapan las caries de un colmillo! Tenés que matar a miles si así fuera para alimentar a pocos".
Y para terminar, hace una sugerencia: "Que al circo se lo reglamente, pero no que se lo prohíba. De esta manera se están poniendo contra de nuestra cultura."
El circo y los valores
Varela sostiene que el circo sea, grande, mediano o chico, está lleno de códigos y valores. “Es una comunidad que hay que proteger, preservar, porque trabaja toda la familia. El circo da la posibilidad de vivir cerca del trabajo, viajar y estar con tus seres queridos todo el día, en un momento como el actual, donde se disgrega la familia. Ese estilo de vida es el que el gobierno tendría que tener la obligación de preservar, no como un ejemplo, pero sí como un espejo.” Y sentencia: “El artista tampoco abandona a su padre en un geriátrico, sino que se lo lleva hasta que se muere al lado de él".
Jorge también tiene una mención para aquellos que desprecian a los circos más humildes: “No tendrán plata para comprar una carpa nueva, pero hay que protegerlos porque es ahí donde se hacen los artistas. Para los circos grandes los empresarios ya contratan artistas profesionales.
Las escuelas
Su experiencia lograda en la pista - con el circo familiar, el Rodas, entre otros - el escenario – en teatro de revistas en la calle Corrientes – y el estudio de TV – con El circo de Marrone - hizo que Jorge junto su hermano Oscar se entregara a la docencia. Así, obtuvo el título de profesores en Técnicas especiales en la Universidad del Salvador. Ha llegado a dar clases en distintas ciudades de España, Venezuela y Cuba. Pero su orgullo más grande es su escuela, creada en 1980 con mucho esfuerzo y sin apoyo político: “Yo no sé si formaremos grandes o bueno artistas, pero sí que formamos buena gente. Esta escuela se hizo famosa por mis alumnos, que trabajando por el mundo la representaron, como Martín, el hijo de Carlos Carella, uno de los grandes del Teatro Nacional, que trabajó en la Opera de París”. Y agrega con ojos que denotan emoción: “Yo para ellos soy el profe, el tío, el abuelo, el amigo, el compañero, el compinche”.
Con respecto a las demás escuelas, Varela cuenta que la mayoría de las otras escuelas son dirigidas por sus ex alumnos, y que mas allá de algunas diferencias (“lo que algunos de ellos hacen no es circo sino utilizar técnicas circenses”) son todos sus hijos: “Cada uno con su carácter, pero yo los amo a todos, porque quieren lo mío, mi profesión, lo que corre por mis venas”.
El circo y el teatro
“Siempre se le dio más importancia al teatro que al circo, pero no hay que olvidarse que el circo y el teatro fueron paridos por el mismo vientre, nada más que uno tomó el camino de la palabra y el otro el universal. El circo es una palabra tan noble que da y dio de comer a mucha gente, como Alberto Olmedo, Carlitos Balá y que actualmente se usa para lucrar, y no educar sobre lo bueno del circo. Mucha gente piensa que los del circo son gitanos que viven en carromatos y no es así”.
Varela sostiene que el circo sea, grande, mediano o chico, está lleno de códigos y valores. “Es una comunidad que hay que proteger, preservar, porque trabaja toda la familia. El circo da la posibilidad de vivir cerca del trabajo, viajar y estar con tus seres queridos todo el día, en un momento como el actual, donde se disgrega la familia. Ese estilo de vida es el que el gobierno tendría que tener la obligación de preservar, no como un ejemplo, pero sí como un espejo.” Y sentencia: “El artista tampoco abandona a su padre en un geriátrico, sino que se lo lleva hasta que se muere al lado de él".
Jorge también tiene una mención para aquellos que desprecian a los circos más humildes: “No tendrán plata para comprar una carpa nueva, pero hay que protegerlos porque es ahí donde se hacen los artistas. Para los circos grandes los empresarios ya contratan artistas profesionales.
Las escuelas
Su experiencia lograda en la pista - con el circo familiar, el Rodas, entre otros - el escenario – en teatro de revistas en la calle Corrientes – y el estudio de TV – con El circo de Marrone - hizo que Jorge junto su hermano Oscar se entregara a la docencia. Así, obtuvo el título de profesores en Técnicas especiales en la Universidad del Salvador. Ha llegado a dar clases en distintas ciudades de España, Venezuela y Cuba. Pero su orgullo más grande es su escuela, creada en 1980 con mucho esfuerzo y sin apoyo político: “Yo no sé si formaremos grandes o bueno artistas, pero sí que formamos buena gente. Esta escuela se hizo famosa por mis alumnos, que trabajando por el mundo la representaron, como Martín, el hijo de Carlos Carella, uno de los grandes del Teatro Nacional, que trabajó en la Opera de París”. Y agrega con ojos que denotan emoción: “Yo para ellos soy el profe, el tío, el abuelo, el amigo, el compañero, el compinche”.
Con respecto a las demás escuelas, Varela cuenta que la mayoría de las otras escuelas son dirigidas por sus ex alumnos, y que mas allá de algunas diferencias (“lo que algunos de ellos hacen no es circo sino utilizar técnicas circenses”) son todos sus hijos: “Cada uno con su carácter, pero yo los amo a todos, porque quieren lo mío, mi profesión, lo que corre por mis venas”.
El circo y el teatro
“Siempre se le dio más importancia al teatro que al circo, pero no hay que olvidarse que el circo y el teatro fueron paridos por el mismo vientre, nada más que uno tomó el camino de la palabra y el otro el universal. El circo es una palabra tan noble que da y dio de comer a mucha gente, como Alberto Olmedo, Carlitos Balá y que actualmente se usa para lucrar, y no educar sobre lo bueno del circo. Mucha gente piensa que los del circo son gitanos que viven en carromatos y no es así”.
Jorge y Oscar, en Madrid, 200323 agosto 2007
"Gran Verdad"
Es cierto, no son pocos los críticos a nivel mundial del ultra-archi-polémico programa Big Brother y no menos las razones que lo justifican. Sin embargo, no podemos dejar de lado a sus adeptos, aquellos que ven a la famosa creación del holandés John de Mol, no sólo como un simple entretenimiento televisivo y voyeurístico, sino como un gran experimento humano, una posibilidad casi única de analizar las relaciones personales. Basándome en esta última afirmación, decidí hacer mi propio análisis sociológico con la quinta versión de Gran Hermano en Argentina. Y el resultado obtenido ha sido realmente inquietante, tan es así que de ahora en más deberé dar crédito a una frase tantas veces escuchada y al mismo tiempo tomada como burla: "Gran Hermano es como la vida misma".
Aléjense por un instante de los comentarios despectivos hacia mi persona y hagan la siguiente prueba. Piensen detenídamente en su propio ambiente laboral, o más precisamente, en su propia oficina, y luego intenten negar las siguientes afirmaciones:
1) a pesar de un comienzo unido y feliz, tarde o temprano se terminarán formando como mínimo dos grupos.
2) adentro de la oficina conviven:
- el que es o se siente excluido (póngale la causa que quiera)
- el que lleva y trae los chismes
- el callado y que es pura sonrisa (pero que problablemente sea el buchón que mande al frente a su compañero con una "espontánea")
- el que nunca hace nada pero que por su carisma es el que más ganancias obtiene (póngale la ganancia que quiera)
- al contrario, el que se la pasa haciendo de todo pero que nunca consigue lo esperado
- el que se hace la víctima para conmover y/o convencer
- el calentón temperamental
- el calentón sexual (se incrementa en los cincuentones)
- el que se hace el vivo hasta que el "dueño" le pone los puntos
- el que hace cualquier cosa para obtener lo que quiere
- el que tiene inmunidad
- el que intenta demostrar que sabe sólo por una cuestión de edad
3) cuando están mal, maldicen haber entrado y piensan que el "afuera" es mejor
4) a veces sienten que deben superar una prueba para poder comer
5) en algún momento se sientes ganadores...hasta que se dan cuenta que les duró muy poco
6) a veces en tan sólo pocas horas lloran, ríen e insultan.
7) el que mejor juega con la gente termina ganando
8) el cigarrillo es sinónimo de conflicto
9) el baño es fuente de conflicto, ( y siempre es más chico para la cantidad de gente que habita)
10) unos kilos de más es sinónimo de comentarios y burlas
11) a veces necesitan de un psicólogo y otras veces sienten que ni eso les alcanza
12) tan sólo un 20 % de los saludos son realmente sentidos
13) siempre suena un teléfono en el momento menos esperado
14) habrá tantas peleas y discusiones como reconciliaciones políticamente correctas
15) siempre encuentran un lugar para volcar todas sus miserias esperando un "consuelo" (ponganle el consuelo que quiera). Ej: la oficina del jefe y/o gerente
16) y lo más triste de todo...siempre uno se termina yendo
¿Vieron? Al fin y al cabo somos todos "hermanitoooooooossss" (Rial dixit)
Pd: ¡Se aceptan nuevos ejemplos a la lista!
12 agosto 2007
Honestidad "argenta"
Hace unos días un curioso test de honestidad organizado por la revista Selecciones de Reader''s Digest, que consistió en dejar olvidados 960 celulares —30 por caso— en 32 grandes ciudades del mundo, colocó a Buenos Aires, con sólo 16 aparatos
devueltos sobre 30, en el puesto número 25.
A simple vista puede verse que éste resultado no está tan relacionado a lo económico como a una cuestión de valores. Se reabre un debate: ¿Somos honestos los porteños? Mas allá de la poca rigurosidad científica de este test cuesta restarle credibilidad.
Vivimos reclamando honestidad al prójimo, sobre todo a nuestros gobernantes, pero ¿qué pasa realmente con nosotros, por ejemplo, ante aquello encontrado? Porque no ocultemos que entre tantos pensamientos buenos y malos que se entremezclan en el inconsciente, mas allá de que la decisión final que se tome, aparecen algunas excusas que justificarían alzarlos con el botín y de esa manera hacerlo sin culpa. En la lista de pretextos hay para todos los gustos:
- la justificación económica: "Ando mal de guita como para devolverlo"
- Ley del Talión: "Yo alguna vez perdí un/a.... (poner el objeto perdido) y nunca me lo devolvieron"
- la justificación divina: "Fue un regalo de Dios"
- el buen destino final: "Va a ser bien utilizado/aprovechado"
- la justificación histórica: "No es mi culpa, forma parte de la cultura argentina en la que vivo".
Pero no seamos tan injustos. Hay quienes eligen el camino del bien. Sin embargo, estos educados "scouts" tampoco podrán evitar otros tantos perversos pensamientos relacionados a lo que se obtendrá a cambio:
- La recompensa material: "Seguro algún premio voy a ligar"
- La recompensa social: "¡Seguro con esto voy a quedar como un buen tipo ante la gente!"
- La recompensa mediática: "¡Seguro voy a salir en la placa roja de Crónica!
Fuera de toda broma. ¿Será que realmente no se puede hacer nada con estos valores patas apara arriba y supuestamente heredados de nuestra historia? ¿No será hora de hacerse cargo de una vez por todas de las responsabilidades que nos corresponde como ciudadanos? Quizás nos falte un poco de esa honestidad para entender que será siempre inútil esperar de nuestros gobernantes - miembros de una misma comunidad - algo distinto de lo que somos en nuestra vida diaria.
devueltos sobre 30, en el puesto número 25.A simple vista puede verse que éste resultado no está tan relacionado a lo económico como a una cuestión de valores. Se reabre un debate: ¿Somos honestos los porteños? Mas allá de la poca rigurosidad científica de este test cuesta restarle credibilidad.
Vivimos reclamando honestidad al prójimo, sobre todo a nuestros gobernantes, pero ¿qué pasa realmente con nosotros, por ejemplo, ante aquello encontrado? Porque no ocultemos que entre tantos pensamientos buenos y malos que se entremezclan en el inconsciente, mas allá de que la decisión final que se tome, aparecen algunas excusas que justificarían alzarlos con el botín y de esa manera hacerlo sin culpa. En la lista de pretextos hay para todos los gustos:
- la justificación económica: "Ando mal de guita como para devolverlo"
- Ley del Talión: "Yo alguna vez perdí un/a.... (poner el objeto perdido) y nunca me lo devolvieron"
- la justificación divina: "Fue un regalo de Dios"
- el buen destino final: "Va a ser bien utilizado/aprovechado"
- la justificación histórica: "No es mi culpa, forma parte de la cultura argentina en la que vivo".
Pero no seamos tan injustos. Hay quienes eligen el camino del bien. Sin embargo, estos educados "scouts" tampoco podrán evitar otros tantos perversos pensamientos relacionados a lo que se obtendrá a cambio:
- La recompensa material: "Seguro algún premio voy a ligar"
- La recompensa social: "¡Seguro con esto voy a quedar como un buen tipo ante la gente!"
- La recompensa mediática: "¡Seguro voy a salir en la placa roja de Crónica!
Fuera de toda broma. ¿Será que realmente no se puede hacer nada con estos valores patas apara arriba y supuestamente heredados de nuestra historia? ¿No será hora de hacerse cargo de una vez por todas de las responsabilidades que nos corresponde como ciudadanos? Quizás nos falte un poco de esa honestidad para entender que será siempre inútil esperar de nuestros gobernantes - miembros de una misma comunidad - algo distinto de lo que somos en nuestra vida diaria.
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