El negocio del fracaso


-“Estoy cansado de fracasar. No quiero que, cuando muera, la gente me recuerde por las huellas de mis nalgas marcadas a fuego en este sillón”
-“Tenés razón. Deberíamos hacer algo. Algo grande”
-“¡Ya sé! Vamos a escalar el Monte Everest. Podríamos dejar las huellas de nuestras nalgas ahí”
-“Sí, sería una buena idea. Pero hay un problema. Vale sesenta mil dólares, y podríamos morir. De hecho… moriríamos”
-“Mmmm… sería mejor quedarnos en el sillón”
(Joey y Chandler, de la serie estadounidense Friends, sentados en un sillón de la cafetería Central Perk).


Puede que estos dos personajes hayan estado en el programa equivocado. Porque si el tema del fracaso hubiera salido dentro de la casa más famosa de Argentina, Gran Hermano, la solución salvadora la habrían encontrado a pocos metros: recostado en la biblioteca de acrílico, el libro del psicólogo devenido en pastor Bernardo Stamateas podría haberles abierto las puertas del éxito. Resultados Extraordinarios ofrece, a modo de receta de cocina, una decena de leyes que marcan el camino de los que triunfan. Porque son muchos los que buscan evitar el fracaso, pero si esa solución viene en formato didáctico mucho mejor. Es en ese punto el cual Stamateas intenta despegarse del resto de sus colegas: “Hay libros que dicen cosas obvias, porque todos sabemos que tenemos que vivir sin culpas y amarnos; el tema es cómo lograrlo”. No es poca la multitud de fieles detrás del objeto de “salvación”. Irva Sosa de Rosales, terapeuta y seguidora de los libros del género como un camino que eligió para resolver sus problemas, no ahorra elogios: “Stamateas es mi mentor y su libro me revolucionó la vida. La diferencia con los otros libros es que leerlo y poner en prácticas sus sugerencias da lo que dice el título, ‘resultados extraordinarios’, porque se aprende a tener una mirada diferente de la realidad.” En tanto, Luis Galmez, chileno, sostiene: “Resultados te orienta en cómo alcanzar esos sueños de una forma muy práctica, sin dar tantas vueltas. Va directo a lo que uno necesita y es una visión externa de ti mismo”. También están los protagonistas vivientes del “milagro”, como Martin Russo, humorista e imitador: “Tener sueños y metas, son principios que siempre estuvieron en mi vida, pero con este libro muchas cosas fueron reconfirmadas y aprendí muchísimas más. A partir de él, mi vida tomó una nueva dimensión. Tiene un resumen de todos los libros que leí sobre el tema.”
Pero así como hay creyentes, también hay agnósticos, como en la presentación del libro “Terapia de parejas, una mirada sistémica”, del psiquiatra y psicoterapeuta Omar Biscotti. Angela Quinteros Velásquez, colombiana, trabajadora social y colaboradora del autor, afirma: “El concepto de autoayuda se ha deteriorado. Hoy está muy en boga, el paso 1, paso 2, diferente a la concepción de autoayuda relacionada más a nivel grupal como estrategia metodológica aplicada en las ciencias sociales”. En este sentido, Viviana Menéndez, médica pediatra explica que “Terapia… tiene valor por su sólida conjunción teórica al alcance del público”, y respecto a la autoayuda reconoce que “se han bastardeado ciertas líneas teóricas por alguna supuesta llegada a un público masivo.”
En la mirada de los lectores de Biscotti también hay opiniones coincidentes. Andrés Martino, terapeuta, sostiene que “el libro de autoayuda sirve para orientar, delimitar situaciones o conflictos pero no tiene que estar dirigido a que el lector los pueda solucionar. El problema se resuelve desde otro ángulo, el del terapeuta”. Y sentencia: “El error es confundir autoayuda con autoterapia, algo que no existe.” En esa línea, Oscar Matiuswik, abogado, opina: “Terapia… que puede ser una guía, uno puede identificar determinadas situaciones pero es una lectura previa a una charla que puede llegar a tener con terapeutas o con quien haga las veces de, pero la ayuda de un tercero es imprescindible".
La polémica sobre la finalidad de los libros de autoayuda continúa. Lo único cierto e indiscutible es que mientras el fracaso y el éxito, la derrota y la victoria sigan estando en boca de todos, seguirán surgiendo quienes se hagan precisamente exitosos a costa de la desdicha ajena.
Colaboración especial: Magalí Costantino, Pablo Hernández y Facundo Cornejo

Historias alrededor del Congreso

A propósito de los 101 años que se cumplen de la inauguración del Congreso Nacional, surge esta historia que merece ser contada. La Iglesia Regina Martyrum es la más cercana geográficamente al Palacio Legislativo. Ubicada en Hipólito Yriqoyen 2025 (ex Victoria), fue construída por los jesuitas entre 1870 y 1890 y a lo largo de su historia, dada esa cercanía, fue tanto testigo como víctima de los acontecimientos políticos y sociales que se sucedieron. Sin embargo este edificio guarda una anécdota muy particular digna de ser considerada por los fieles como un “milagro de Dios”.
En el año 1954, el sacerdote la Iglesia, perteneciente a la Conferencia de religiosos, había mandando a construir una estatua de mármol de la Virgen. Una vez terminada, decidió ofrecérsela a la Catedral de Buenos Aires, pero fue rechazada por una cuestión de espacio. Luego se la ofreció a las Iglesia de Santo Domingo y posteriormente a la de San Francisco pero también fue negada por el mismo motivo. Ante las negativas, el sacerdote decidió dejarla en Regina Martyrum. Meses más tarde, en la noche del 16 de Junio de 1955 y en represalia al bombardeo de la Plaza de Mayo por parte de miembros del Ejército, seguidores de Perón salieron a quemar todas las iglesias de la ciudad. Curiosamente (sobretodo por la mencionada cercanía al Congreso) Regina Martyrum fue la única Iglesia de todo el barrio del centro de Buenos Aires que no fue quemada. Nunca se supo por qué.

Entre la tele y la sombrilla

Luego de otro año de lucha encarnizada por el lugar más alto en el rating en desmedro de cualquier viso de calidad existente, el verano televisivo lanzó con bombos y platillos (como si fuera necesario) el regreso del “programa del 2007”: Gran Hermano.
Nuevamente, el reclutamiento voluntario de, en esta oportunidad, 18 jóvenes en una casa por un centenar de días, en búsqueda de fama, dinero, en fin, en búsqueda… dispuestos a ser vistos por ojos nocturnos de un televidente devenido en voyeur, que sin debates aparentes en esta Argentina baila al compás de la sombrilla playera.
Como era de esperar, el rating, cuando de cosas poco reciclables se trata, inició paulatinamente su giro vertical hacia el cetro, y los programas de aire se fueron agarrando de eso. ¿Consecuencia? No importa el canal que fuese. El brother está ahí, y los debates se suceden, una y otra vez: sobre quién se va, quién se queda, quién juega, quien no.
No señores, ¿Para qué hablar del dengue, de las candidaturas, de las papeleras, de las inundaciones, de los accidentes de tránsito, de la violencia? No queda más tiempo, sólo para bailar el hit del verano.


Los nuevos "famosos"

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