Postales de Asunción

"En breves instantes estaremos arribando a la ciudad de Asunción”, anuncia la azafata luego de poco más de una hora y media de vuelo nocturno. Las diferencias comienzan a apreciarse, no sólo al observar por la ventanilla y comparar la luminosidad de ambas ciudades, sino con el informe posterior de la simpática morocha: “...la temperatura es de 29° y el cielo se encuentra despejado”... Poco se asimila a la lluviosa Buenos Aires dejada atrás...

¿Qué tan igual y tan distinto es una ciudad de otra? Adentrarse en el juego de cercanías y distancias entre lo propio y lo ajeno es algo que surge inevitablemente a la vez que resulta interesante, porque implica indagar sus causas y entender un poco más sobre ciertas realidades de los países latinoamericanos.

La ciudad de Asunción de la República del Paraguay parece por su extensión en una primera impresión una ciudad del interior argentino, aunque del norte, por el calor permanente. Este clima sofocante es el que empieza a brindar respuestas a las primeras inquietudes. No sólo al hecho de que pase por ridículo todo neófito visitante que lleve consigo un suéter -aunque sea en mano- sino también a esa costumbre tan arraigada de este suelo de tomar mate con agua helada (llamado tereré) cualquiera sea el contexto (solo o en compañía, caminando, o en un auto). No pasa mucho el tránsito de la extrañeza inicial del foráneo hasta la prueba experimental, esto es, la ingesta de la infusión, todo sea por llevar algo de agua al cuerpo...










Recorrer la ciudad de noche no es lo ideal para conocerla en profundidad, pero sí para confirmar que un viernes de marzo estival y más con la complicidad de un cielo estrellado es sinónimo de disfrute y distensión. A medida que el aeropuerto se va alejando y se ingresa a barrios más urbanos, los pasacalles comienzan a formar parte de la escenografía. No son otra cosa que invitaciones a algún local bailable de los “populares”, con descuento en entradas, consumiciones y alguna que otra oferta ocasional como “el baile del caño” de señoritas prestas para la ocasión... Por supuesto, a esa postal no falta el elemento sonoro. La "kachaka" y el reggaeton se entrecruzan de una vereda a otra casi como una batalla de ritmos, cuyo resultado parece ser el de empate técnico.

El transcurrir de la estadía ayudará a entender ese estado festivo. Si hay algo de lo que los asunceños no pueden prescindir nunca es de las reuniones sociales. Cualquier excusa es bienvenida, (un partidito de fútbol, o el simple fin de semana de descanso) para someterse al ritual de un encuentro con amigos, con cervezas de por medio como elemento obligado y otros que pueden alternar, como el asadito casero, el baile, el karaoke casero o la inclusión de las parejas o la familia. Esta es la típica “farra” paraguaya.














El clásico asadito paraguayo


Si de cuestión de géneros se trata, la mujer parece dar una mejor imagen que el hombre. Ellos llevan la cruz de ser machistas y mujeriegos y a ellas no sólo tienen a favor lo estético sino que demuestran ser más dispuestas al trabajo, tanto dentro como fuera del hogar.

Hablando de la sociedad en general, hay algo que debe mencionarse. La familiaridad parece ser una cualidad natural por estas tierras, y además el trato con el extranjero suele ser amable y generoso, aunque la gente no viva en una ciudad volcada al turismo. Sin embargo, por estos lados tampoco simpatiza la soberbia del argentino, al que se lo apoda “kurepa” o “kurepí” (algo así como “piel de chancho”).

No es casual el uso cotidiano del guaraní. Es, junto al castellano, el idioma oficial del país, debido a que un 90% de su población lo habla. Paraguay es el único en Sudamérica en conservar la lengua indígena, algo que se puede considerar todo un respeto a un pasado ancestral y es sin dudas el símbolo más fuerte de patriotismo local.

Asunción a la luz

El recorrido diurno tiene sus diferencias, salvo por el calor, en marcado ascenso minuto a minuto. La claridad permite quitarle el velo a la ciudad y conocerla con más detalle; descubrir más bondades, y más contrastes.

















Otra vista de la ciudad desde la ventana de un edificio


Camino a la zona más céntrica, hay algo que a los ojos extraños llama de inmediato la atención. Hermosas camionetas 4 x 4 de distintos modelos y marcas se cruzan en el camino una y otra vez, con una frecuencia imposible de comparar a la porteña. La duda sobre el origen legal de tales rodados emerge por sí sola, aunque el hecho de notar que quien las conduce no aparentan ser personas que vivan en barrios privados o posean una “casa quinta” en las afueras, se convierte en una prueba crucial que define por sí el veredicto.

Si de bellos vehículos se trata no podemos dejar de lado a los taxis. No, aquí no abundan Renaults, Fiats y Peugeots. Subirse a uno de ellos en Asunción equivale a pasear en un ochentoso Mercedes Benz amarillo, instante en el que se da por terminado el tiempo puesto en juego para tratar de encontrar una similitud entre Asunción y New York!!























Son algunas imágenes pintorescas que contrastan con la crisis económica y política por la que se encuentra sumergida la ciudad. Si bien no dista mucho de la realidad general de Sudamérica, hay datos duros como el de Transparency Internacional (TI) , que ubican a Paraguay en el primer puesto entre los países más corruptos del continente. No es tarea compleja encontrar la causa de esta “conquista” ni del evidente atraso en su desarrollo.

Cincuenta años de una violenta e inoperante dictadura al mando del general Alfredo Stroessner, sólo posible de mantenerse en el poder mediante una turbia alianza entre el Gobierno, las FFAA, y el partido político más tradicional del país, el Partido Colorado, y 17 años posteriores de una débil democracia, constituyeron el escenario ideal para la instauración de la citada corrupción, la carencia de progresos de reforma estructural, la deuda externa y las deficientes infraestructuras, con una triste consecuencia: de una población total que no alcanza los 6 millones de habitantes, alrededor de un millón de paraguayos han emigrado en busca de una mejor condición de vida, siendo España el destino elegido en los últimos años.

Ejemplos de la realidad se encuentran al instante. Por citar algunos, si de servicios básicos se trata, muchas calles piden a gritos ser reparadas y otras tantas al menos pavimentadas y los ómnibus de pasajeros -algunos con molinetes en su interior (¿?) y piolines para jalar en la función de timbre- lo que piden es un inmediato pase a retiro. Eso sí, hay algo que no puede despertar el más mínimo asombro al argentino. Aquí se conduce tan mal y se infringe la ley tantas veces como allá, aunque agravado quizás por una inferior e incorrecta señalización. Aunque si de esto último se trata no es algo que preocupe mucho a la gente. No pocos asegurarán conocer cómo ir a “x” lugar sin saber el nombre de la calle; y mucho menos se tendrá en cuenta la altura, algo que directamente no tiene utilidad, puesto que sólo alcanza con el “casi”: “14 de mayo casi Palma”.















A la hora de encontrar un lugar donde comer no se presentan mayores dificultades. Los puestos ambulantes de sabrosos lomitos y empanadas abundan por doquier. Esto invita a que mucha gente no espere la hora del almuerzo para degustarlos sino que lo haga ya a media mañana. En cuanto a algunas particularidades de las mesas paraguayas, se destaca la mandioca –tubérculo que acompaña a las comidas en lugar del pan- y la sopa paraguaya -que al revés de la argentina no es líquida. Y no se puede dejar de mencionar a la infaltable chipa, que se come a toda hora, ni bien se cruce con un puesto de venta ambulante por el camino.

El microcentro asunceño dista del porteño no sólo en cuanto a sus dimensiones. En el hombre oficinista, por ejemplo, el saco es un elemento inexistente, sobre todo cuando el cartel indicador de la temperatura devuelve un 42º. Y si a la hora pico las calles son muy transitadas no es ése el lugar con mayor número de gente por metro cuadrado de la ciudad. Sin dudas, el Mercado municipal nro. 4 es el lugar más concurrido por excelencia. En esta megaferia de alrededor de cinco manzanas se puede encontrar de todo, desde alimento, pasando por ropa, telefonía celular y productos electrónicos en general. Si bien la higiene y seguridad no son la característica del lugar, el bajo costo de la mercadería que allí se encuentra atrae la visita de gente de distintos puntos del país y del exterior, como una opción alternativa y local a la incomparable Ciudad del Este.
















En fin, han sido sólo algunas postales de una ciudad del corazón de Sudamérica. Por supuesto que existen más, pero la corta estadía no lo permite. El vuelo de regreso espera en un mediodía a pleno sol, mientras quedará la duda de cómo será un día de lluvia en la zona. Camino al Aeropuerto Silvio Pettirossi, miles de imágenes y sensaciones se entremezclan, entre las que prevalece la tristeza, por abandonar la calidez de su gente, y también por la situación encontrada, pensando como muchas veces se hace de Argentina, que “esta ciudad puede ser mucho más de lo que es”. Porque se ha visto que tiene con qué, tiene a su pueblo, que aunque herido, golpeado y usado por más de medio siglo, da síntomas de querer despertar y dejar de ser tratado de ignorante. Mucho dependerá de quién lo ayude, lo guíe, le indique cómo hacerlo, que lo involucre en el cambio, responsabilidad que recaerá sobre todo en el nuevo gobierno que le toque asumir en agosto -el próximo 20 de abril se celebran las elecciones que nombrará un nuevo presidente. Se intuye una empresa difícil a corto y mediano plazo, pero mas allá de quién sea el elegido, es un deseo de corazón de todos aquellos que se han encariñado con esta ciudad, que de una buena vez Paraguay se levante de su eterna siesta y demuestre sus verdaderas virtudes al mundo.

La música nacional en los años oscuros

Se cumplió un nuevo aniversario del inicio de la dictadura más sangrienta de la historia argentina. No interesa caer en lugares comunes, como entrar en discusiones sobre la validez o no del establecimiento del feriado, ni hacer refrencia sobre si el gobierno de turno es de derecha o de izquierda, si indulta, castiga o es pro derechos humanos. Los gobiernos tarde o temprano pasan, dejando huellas más grandes o más chicas que sí o sí la sociedad termina absorbiendo.
Recordar y no olvidar, eso siempre será más importante que todo. Aunque ¿puede una sociedad avanzar sin memoria, sobre todo cuando existen recuerdos aferrados a sentimientos tan profundos?. Cuesta creerlo.

La violencia ejercida por el poder durante el período 1976-1983 se hizo sentir cada uno de los distintos ámbitos sociales; por tal motivo, baste el repaso de lo vivido en tan sólo uno de ellos, para graficar y sacar conclusiones respecto de su accionar.

El canto prohibido

Para explicar las barreras que tuvo la música durante el período 1976-1983 habría que hacerlo desde tres lugares: Las letras, sus intérpretes y sus géneros.
Con respecto al primero la censura fue indiscriminada: atravesó todos los géneros. Cualquier apelación a la religión, la revolución, la prostitución, el suicidio, el sexo, por más poético que fuera su tratamiento, tenía la prohibición asegurada. Entre la lista de temas figuraron: “Si te agarro te mato” (atentaba contra la familia); “Cara de tramposo, cara de atorrante”, de Cacho Castaña; “La bicicleta blanca” (Piazzolla-Ferrer); “Tema de los mosquitos” (León Gieco); “El amor desolado” (Alberto Cortez), “Me gusta ese tajo” (Spinetta) ; “Carcelero", de Horacio Guarany; “Es Sudamérica en mi voz”, de Ariel Ramirez y Felix Luna; “Diez décimas de saludo al pueblo argentino”, de Zitarrosa; “Ayer nomás”, de Moris; y el tango “Cambalache”, de Discépolo. De los foráneos, “Light my fire”, de The Doors, “Cocaine”, Eric Clapton.
En cuanto a los intérpretes, muchos figuraron en listas negras, como Atahualpa Yupanqui, Lito Nebbia y Luis Alberto Spinetta. Algunos huyeron por intimidaciones, amenazas o prohibiciones directas, como Mercedes Sosa o Guarany. Otros se quedaron y sufrieron la falta de libertad o trabajo, la autocensura, el agobio o incluso, “sugerencias”, caso Lito Nebbia, Moris, Miguel Cantilo, Miguel Abuelo y León Gieco (a quien un alto funcionario de la dictadura militar amenazó con volarle la cabeza si no dejaba de cantar el tema “La cultura es la sonrisa").
En el ámbito de los géneros, el tango no ofrecía un frente de batalla. No había tangos de protesta.
El folklore en cambio significó una amenaza constante, ya que se le reconocía a la música popular un cierto poder de incidencia social con intérpretes que difundían la ideología marxista y despertaban conciencias adormecidas, instigándolas a la rebelión. Des esta manera, Atahualpa Yupanqui y Mercedes Sosa se exiliarion, Horacio Guarany y Victor Heredia fueron amenazados y con Cafrune muerto en un accidente en 1978, este género se vació de contenidos.
El rock mantuvo con la dictadura una relación distante: para el poder representaba a los jóvenes que no tenían nada que ver con la “subversión terrorista”. De todas formas, si bien el rock nacional-salvo excepciones- no se oía en las radios, grupos como Serú Girán mantuvieron la identidad del rock nacional a través de letras metafóricas o "encriptadas", que posibilitaba descubrir todo un mundo de críticas al régimen. Fue una respuesta hacia un oscuro poder que imponía el silencio, por lo menos hasta 1982, cuando por la guerra de Malvinas los militares prohíben la difusión la música foránea, revalorizándose la música nacional en general.
Si no quedó claro el vergonzoso criterio de selección y censura de la música, vale agregar un claro ejemplo. A principios de 1980 operaciones de inteligencia intentaron evitar un recital del grupo de rock Almendra, porque hacían alarde de su adicción a las drogas, el desenfreno sexual y la rebeldía ante el sistema de vida tradicional, algo que finalmente no se logró conseguir. Pero paralelamente, mientras se consideraba extremista a los integrantes de Almendra, se permitía el ingreso al país de un disco que contenía el Himno oficial de las SS nazis, cuyo mensaje se leía: “No afecta a la Constitución Nacional por carecer de ideología marxista”.

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